jueves, 8 de agosto de 2013

EL PROGRESISMO Y LA ESCUELA DE FRANKFURT


Marxismo Capitalista:
 la Ortodoxia pública del Régimen

por Guillermo Rojas


En las notas anteriores hemos dado un so­mero pantallazo y descripción de la tenden­cia político cultural denominada progresis­mo y también describimos sus implicancias en diferentes campos, resaltando el aporte realizado a esta tendencia por el grupo de filósofos y sociólogos de! Instituto de Inves­tigaciones Sociales de Alemania comúnmen­te designado como Escuela de Frankfurt.
En esta nota seguiremos viendo las im­plicancias políticas de este fenómeno v de la influencia ejercida por la mencionada escue­la neomarxista en el mundo capitalista, tan­to de la época de la posguerra y de la guerra fría, como en la actual de la globalización unipolar. Finalmente extraeremos algunas conclusiones útiles y aplicables a lo que ocu­rre en la actualidad en nuestro anarquizado y declinante país.

Los Derechos Humanos

Nos hemos referido ya a las teorías enun­ciadas por los popes de aquella Escuela y las diversas utilidades que les dieran diferentes grupos y organizaciones de inteligencia del imperialismo anglonorteamericano, para montar sus campañas masivas de acción si­cológica tanto sobre las poblaciones de sus propios países como sobre las de las naciones de la periferia. La constante en esto reside en el cambio cultural, la destrucción de los frenos morales, la disolución de la familia como célula fundamental de la so­ciedad, etc. En definitiva el sembrado de la anomia; con los objetivos de desarticular el cuerpo-social y aislar a los individuos, con lo cual la dominación mediante campañas de acción sicológica se hace más fácil. Para esa dominación no serán necesarios ejérci­tos. Con centenares de “comunicadores so­ciales” bien pagos y los medios de comuni­cación domesticados será suficiente.
En las sociedades periféricas se emplea­rán técnicas de disolución de los poderes del Estado, con la finalidad de desquiciar y des­cuartizar los mecanismos de seguridad, defensa y administrativos, con la excusa de combatir los resabios de dictaduras pasadas y de­mocratizar al Estado y a la sociedad.
Esto se ejecutaría mediante la aplicación de las elucubraciones referentes a la perso­nalidad autoritaria (Hannah Arendt y su libro “Orígenes del autoritarismo”), a la que ya nos hemos referido con anterioridad, lo que produce instantáneamente el descrédi­to del principio de autoridad, necesario para ejercer el poder en forma razonable. En la práctica este tipo de planteamientos lleva a la parálisis del aparato del Estado por la in­hibición en el proceso de toma de decisio­nes. Mantener en esa situación a determina­das naciones es importante pues, mientras esto ocurre, no hay ningún tipo de reacción a la succión permanente de sus riquezas mediante los métodos usurarios conocidos. De este modo se anula toda resistencia y la que se dice implementar para ello, cuestio­nando el principio de autoridad, no hace más que reciclar el problema.


Hannah Arendt.

En Argentina esto ha sido puesto en prác­tica mediante la denominada Doctrina de los Derechos Humanos, implementada por juristas e intelectuales adictos o segui­dores de los filósofos de Frankfurt.
Lo interesante es que dicha doctrina no tiene que ver con la vigencia de las garantías individuales sino con una versión ideologizada de esos Derechos y Garantías, que re­sulta interesante analizar en sus orígenes.

El sexo y la revolución sexual

Uno de los leit motiv de la Escuela de Frankfurt fue el de la liberación del erotis­mo, con lo cual se abría el camino de la tan vapuleada revolución sexual. La década de los ‘60 se observó diariamente en televiso­res, diarios, revistas y se escuchó por radio sobre las andanzas del pensador y gurú de  la contracultura y la nueva izquierda Herbert Marcuse, al que ya hemos mencionado como un vulgar agente de las oficinas de inteligen­cia norteamericana. Era la época en la que el mundo occidental oía hablar de revolu­ción desde el desayuno hasta la hora de acostarse.
Este personaje fue el máximo difusor de la cultura del erotismo y del sexo como ele­mento revolucionario y contestatario de la moral tradicional (“Haz el amor, no la gue­rra”), de manera tal que hasta el mismo Pa­blo VI lo identificara como un desaforado difusor de la licencia sexual disfrazada con un barniz intelectual. Su libro Eros y Civili­zación se vendería por millones de ejem­plares, financiada su publicación por funda­ciones progresistas vinculadas a empresas multinacionales.
Pero Marcuse iba más allá de lo mera­mente sexual en la cuestión de la liberación del erotismo. Mediante la legitimación de la liberación del “eros filosófico” condi­cionó a las personas para que se vieran como objetos determinados por “su na­turaleza".
Así, las personas ya no eran importantes por el hecho de ser criaturas, hechas a ima­gen y semejanza del Creador y con capaci­dad para influir sobre la civilización huma­na. Se suplantó esto por la peregrina idea de que los hombres son importantes por ser negro, mujer, homosexual, de izquierda o un luchador popular y, consecuentemente, en­contrarse supuestamente sometidos por el sistema.
De allí a elaborar la ideología de los derechos humanos, hubo sólo un paso. Se determinará que los que deban tener esos derechos son los grupos sociales definidos como oprimidos y solamente ellos.
Así se deformaría la lícita protesta de los negros contra la segregación, determinándo­se el nacimiento del “poder negro”, los re­clamos por los derechos civiles de las mujeres se trocarían en la “liberación femenina” o el “feminismo" etc. Se determinó también que la perversión sexual tenia derechos in­alienables naciendo el ‘poder gay’, que dicho sea de paso tiene mucho más poder de lo que se cree, tamo aquí como en otros países.
Esta caracterización de los derechos hu­manos es la que impera, en forma franca­mente patológica, en Argentina. Así los delincuentes gozarán de ilimitadas garantías (sean terroristas o comunes), mientras aque­llos que tratan de poner freno a sus desbor­des no tendrán ninguna, serán siempre re­presores portadores de una mentalidad au­toritaria que hay que erradicar.
Lo mismo pasará con quienes reclamen mínimamente el cumplimiento de la ley. El descrédito será esparcido sobre ellos desde los reductos de los ideólogos de los dere­chos humanos, muchas veces ubicados en las máximas jerarquías del Estado.
Así se va construyendo un Estado paralí­tico que esparce la anomia sobre el cuerpo social y la idea de que nada se puede hacer para restituir las cosas a su quicio normal. Se opera la ruptura del sentido común y la dislocación de la sociedad. Mientras tranqui­lamente se depreda la economía y las rique­zas de la nación sin que haya resistencia real ni orgánica ni desde el Estado impotente ni desde la sociedad sometida a la imbeciliza­ción con todas estas teorías.

La narco-contracultura

Otro de los hechos que se verificarán en la misma época de los ‘60 y que hoy en día ha adquirido dimensión masiva es la narco- contracultura. Tal vez sorprendería el saber cómo los organismos de inteligencia de los EE.UU., entre ellos la CIA y el de la Marina, influyeron en la denominada era psicodélica.
Varios de los integrantes de la Escuela de Frankfurt se inclinaban a las “experiencias sensoriales” con drogas, justamente el “aura de la forma original de las cosas” a la que se refiriera Walter Benjamín, es muy similar a la que estas adquieren a través de la mirada de un intoxicado por narcóticos. Así parecía que las teorías de estos filósofos y sociólogos se llevaban a la práctica por los miembros de la contracultura como Allen Ginsberg, Ken Kesey o Kerouac con las ben­diciones, ayudas y financiamiento de usinas distribuidoras de la droga, como la Opera­ción MK-Ultra de la CIA, que distribuyera millones de dosis de LSD.

Allen Ginsberg (posando demudo). Peter Orlovsky y Allen Ginsberg, ciudad de New York, 30 de Diciembre, 1963. Ginsberg quiso usar esta foto en su libro “Nothing Personal", pero su abogado y su agente de publicidad lo convencieron de que la misma sería muy controvertida.

La dominación de la sociedad, el control social, se planteaba ya desde las substancias químicas. Nótese en la actualidad, el aumen­to geométrico que ha sufrido la población de adictos a estas substancias, junto con el pútrido negocio del narcotráfico y la erosión que esto produce en las juventudes, lo que a su vez conduce, en definitiva, a la destruc­ción de familias enteras con sus consiguien­tes consecuencias sobre la sociedad.
Uno de los anexos de esa contracultura, que se esparce como una especie de plaga sobre las sociedades de todos los países, es la del rock and roll, que ha tornado a la música en un elemento seudo contestatario del sistema y que, al mismo tiempo, opera el marketing de la droga. Precisamente, a tra­vés de los famosos festivales de rock, es donde se induce el consumo masivo y gra­tuito de drogas.
Justamente Adorno sería uno de los par­tidarios de incentivar la revolución median­te la música denominada atonal, cuyos acor­des impelen - por un proceso psicológico- a la revuelta. Creo que no hacen falta más referencias ante el espectáculo de violencia, consumo de narcóticos y conductas enfer­mizas que se evidencian tanto en los princi­pales ídolos rock como en sus seguidores, protagonistas de una rebelión sin propues­tas alternativas, de una protesta contra el sis­tema establecido mientras que, paradójica­mente, las ediciones de sus obras corren por cuenta de las empresas multinacionales y son aprovechados por empresarios capitalistas, algunos de los cuales posan de seudo revo­lucionarios y progresistas, como podría ocu­rrir en nuestro país con el conocido Daniel Grinbank y el grupo Rock and Pop.

Algunas conclusiones

Podemos decir, en conclusión, aunque muchas cosas quedan en el tintero, que las ideas de la Escuela de Frankfurt, si bien en principio sirvieron al marxismo, hoy se en­cuentran recicladas y al servicio del imperialismo globalizador.
Son la base de sistemas de control social y de métodos de guerra sicopolítica que se realizan contra las sociedades a las que se depreda económicamente, en nuestro caso, mediante la estafa de la deuda externa.
Desde hace 20 años, ese modo de ver el mundo y al hombre, es la ortodoxia publica que impera en la política y la cultura de nues­tra Nación. Es lo que se enseña en las univer­sidades, donde irónicamente se denomina “discurso dominante” al de la cultura tra­dicional. Es lo que reina en los medios de comunicación, en los colegios, en los dis­cursos de los políticos. No dejan de ser -en el fondo- parte de una gigantesca estafa polí­tica que pretende continuar a perpetuidad. Si observamos la historia de estos últimos veinte años veremos que junto a este discur­so melifluo en defensa de los pobres, de com­bate contra el imperialismo y la sociedad capitalista, la pobreza y la exclusión social han crecido exponencialmente junto con la explotación y el robo de nuestras riquezas por parte de los emisarios del poder inter­nacional del dinero. Esa es la única realidad. Lo demás son técnicas de dominación. Cuan­do estas fallan o la sociedad agredida resis­te, la alternativa para el imperialismo es la de la masacre en defensa de la Democracia y los Derechos Humanos.

Patria Argentina Nº 200, Julio 2004.