jueves, 15 de agosto de 2013

BACH Y PINK FLOYD - IV




R.P. Bertrand Labouche
BACH y PINK FLOYD
Breve estudio comparativo de la música clásica y la música rock

  
III — La “música rock”.

De nuevo, el objetivo de este artículo es puramente musical. Pero por la misma razón que hemos comprobado el estrecho vínculo que une un texto a la creación musical (esto es verdad para el gregoriano, como también para un motete de Mozart o una ópera de Verdi o de Wagner), verificaremos también en la música “rock” esta necesaria relación entre textos y música.
Dejaremos a un lado su vida y sus costumbres. Pero sabemos que la sensibilidad puede ser fuertemente desestabilizada por el empleo de ritmos devastadores o de disonancias sistemáticas, y esto no es evidentemente un factor de santidad; esta, en efecto, no se puede concebir sin el dominio de las pasiones.
El “rock” no tiene las características de la revolución beethoveniana, aun cuando sus ritmos violentos pueden, más por causa de sus efec­tos que por su sutileza, recordar aquellos de la Quinta sinfonía(1) o de la “Appassionata". El “rock” es más bien una regresión musical. Los elementos fundamentales de la música en el “rock” están, por princi­pio, invertidos. El ritmo ocupa ampliamente el primer lugar, la armo­nía, el segundo, y la melodía, el último. Esta inversión se verifica en casi la totalidad de piezas de “rock”, que se difunden sin parar en las estaciones de radio. Es también el repertorio musical más vendido y, por lo tanto, el más escuchado. Estudiaremos una pieza reciente del grupo U2.
Luego, evocaremos algunas piezas de rock que tienen un cierto valor musical y veremos las distinciones que se imponen.
Finalmente, nos preguntaremos si puede existir un “rock cristiano”, antes de concluir sobre el valor intrínseco del rock y su definición real.


El ritmo

Es el elemento más importante, nadie lo puede negar. De hecho, no se puede concebir la música rock sin el ritmo, el cual puede ser calificado de tiránico. Hemos visto que el ritmo en la música tiene por fun­ción dar una simple estructura a la melodía, la cual constituye la esen­cia de la música. Si no fuera así, la música sería la más aburrida de todas las artes y se resumiría en diferentes cadencias.
La palabra “ritmo” viene de “rima”, la cual distingue la poesía de la prosa (aquello que el Sr. Jourdain(2) hacía sin saberlo), un texto “nor­mal”, sin una cadencia particular.
Es claro que unos poemas con un ritmo perfecto, pero compuestos de cualquier palabra, sin una idea directriz, sin “melodía” constituirían un poema mediocre si no lino nulo. Al contrario, una prosa rica por la profundidad, la pertinacia, el poder, la delicadeza del pensamiento adornada de expresiones bien pensadas sería un texto de valor, a pesar de no tener cadencia.
En la primer parte hemos explicado suficientemente la noción de ritmo, no insistiré.
El “rock’n’roll"(3) nació de los contoneos groseros de Elvis Presley y del “beat” (serie de golpes rítmicos) agresivo de sus canciones. El nombre de los ‘'Beatles” es un juego de palabras entre “beetle”, “esca­rabajo” y “beat”, “golpe”. No hay ningún grupo de rock sin batería, lo que no era el caso del jazz en sus comienzos. Este instrumento de per­cusión ocupa el lugar central del grupo e impone un ritmo constante, muy marcado y pesado. Es obstinado, esencialmente repetitivo, apo­yado y amplificado por un bajo que le sigue ciegamente. El ritmo del “rock” utiliza alegremente la síncopa, que es un acento sobre un tiem­po débil, e intermedio, como por ejemplo sobre el 2° o el 4o tiempo, en un tempo de 4/4.
Dos hechos concretos les darán una idea de la absoluta necesidad de este ritmo duro y pulsante:

• Durante un concierto de los “Who”, el baterista, Keith Moon, colapso repentinamente debido a un abuso de drogas o/y de alcohol. El grupo paró de tocar; el cantante y los guitarristas no eran suficientes para suplir la falta del baterista. Fue necesario que el líder preguntara al público si no había en la sala un baterista de rock, aun cuando no fuera profesional; había uno y así pudo continuar el concierto.
Esto sería impensable en la música clásica; si, por desgracia, el per­cusionista estuviese, por ejemplo, ausente, la obra sería indudablemen­te tocada. No se enviaría al público a su casa. La obra perdería un apoyo rítmico, pero que no es absolutamente necesario salvo en algu­nas muy raras excepciones, y no concerniendo sino a sólo algunas par­tes de la partitura, la orquesta podría realizar su interpretación, enri­queciendo al auditorio con sus melodías y sus armonías, mucho más esenciales.



• Durante una repetición, la mayoría de las veces, los rockeros bus­can nerviosamente, al azar, en sus guitarras, o eventualmente, en el teclado, aquella que “quedaría bien”, sin ninguna consideración de tonalidades (mayor/menor) de escala de referencia, si no, eventual­mente de un tema que sea lo más simple y golpeante posible.(4) La bate­ría impone su tiempo y nada la detendrá. Su estructura de una rigidez absoluta (tac-pum, tac-pum-pum, tac-pum, tac-pum-pum) es la ley suprema que no da lugar a un mínimo de búsqueda melódica y armó­nica (y no hablo de contrapunto) con todos los matices que implican. Ciertamente, hablo aquí de un tipo de “rock” básico, pero el principio es el mismo con los más “evolucionados”: el ritmo impone su ley a los cantantes de la... libertad sin freno, sin ningún ritmo: un golpeo vio­lento e inexorable.

Todo el arte consiste en dar ritmo, y como autómatas, el cantante y los otros integrantes deben contribuir a esto. Que el público quiera romper todo, he ahí el objetivo. Los bailes de los pueblos, donde se toca “rock”, terminan casi sistemáticamente en peleas sangrientas. Quien desencadene el ritmo del “rock”, cosecha la violencia. Esto no es, pues, asombroso esto pues el ritmo se dirige, como lo hemos dicho, a la parte inferior, animal del hombre. Les ahorraré las citas de todas las “estrellas de rock” sobre esto y los textos de la mayor parte de sus can­ciones.
Podríamos igualmente evocar los graves problemas psicológicos que trae, algunas veces hasta entrar en trance, el ritmo obsesivo del “rock”. Los más corrientes son la incapacidad para mantener la aten­ción, y una cierta forma de depresión. Los jóvenes suicidas son igual­mente muy numerosos. No solamente el “rock” incita explícitamente a consumir droga sino que es en sí mismo una droga. Conocí un estudiante que no pudo participar en un Campamento de Verano de MJCF,(5) porque durante el campamento no podía escuchar a los Rolling Stones; su habitación estaba literalmente cubierta de afiches de este grupo, sin el cual su vida era imposible.
Los rockeros no esconden su objetivo: “Nuestra intención es evitar que piensen” (Paul Stanley, del grupo Kiss). “La estrategia propia del rock’n’roll es la de conquistar los corazones y atacar los espíritus” (Bernardo Villena, rockero brasileño).
¡Cuántos jóvenes que escuchan la música “rock” son sus víctimas inconscientes! ¡Cuántos jóvenes católicos (¡sí!) comprometen su salvación, derrochan los dones de Dios, son esclavos del pecado, pierden una posible vocación únicamente porque sus inconscientes padres les permiten escuchar la “música actual”!
¿Por qué este adolescente, que, sin embargo, no es un mal chico, es insolente en la escuela, en su casa, perezoso, desordenado, fácilmente colérico, inestable, replegado sobre sí mismo? Miren qué género de música no cesa de escuchar, y tendrán una buena parte de la explicación.
Cuando el “rock” invierte en la juventud desestabiliza su sensibilidad, destruye su voluntad, apaga las aspiraciones de su alma y la des-conecta del mundo real porque, musicalmente, es una aberración. Supriman el ritmo, ordénenlo, impónganle su lugar como subalterno, descubran una bella línea melódica, denle un acompañante armónico matizado y, entonces, comenzarán a obtener una verdadera música, aquella que hace florecer a la juventud.


(1). He escuchado recientemente unos extractos de la Quinta sinfonía ejecutados por Yngwie Malmsteen, un talentoso guitarrista de rock, acompañado con un fuerte martillazo de la batería: hecho significativo...
(2). Cfr. “El burgués gentilhombre” de Moliere.
(3). La palabra “rock’n’roll” era usada en ciertos ghettos norteamericanos para designar el movimiento de actos sexuales: ¡noble origen!
(4).    Cfr. por ejemplo “Smoke on The Water", de Deep Purple.
(5). Movimiento de la Juventud Católica Francesa.