sábado, 31 de agosto de 2019

LA ANTI-MÚSICA




Por
Christopher Fleming




Vivimos en una época paradógica. Por un lado, muchos siguen apreciando la belleza; pero por otro lado, el mundo moderno parece incapaz de producir belleza. A pesar de los estragos causados por la música Pop, las salas de conciertos se siguen llenando cada vez que se interpreta el Requiem de Mozart; todos los días hay cola para entrar a las grandes pinacotecas del mundo, donde se exhiben las obras maestras de las bellas artes, como El Prado de Madrid, The National Gallery de Londres, el Louvre de París, etc.; siempre hay miles de turistas deambulando por Venecia, rindiendo homenaje a la ciudad más bella del mundo. Sin embargo, la música, las obras de arte, y los edificios de cualquier tipo que se crean hoy en día son casi todas inconmensurablemente feas. Además, ni siquiera gustan al público. No hay más que acudir a un concierto de música clásica de “vanguardia” o darse un paseo por un museo de “arte moderno”; por mucha publicidad y apoyo institucional que se den, no van más que cuatro gatos.

¿Cómo es posible que haya tal abismo entre lo que se crea y los gustos reales de la gente? Como músico y profesor de conservatorio, puedo hablar con conocimiento sobre lo que ocurre en el mundo de la música. Dentro de la música clásica, o como se denomina a veces, la “música culta”, existen dos tipos de compositores: primero, están los compositores que componen para su disfrute y para el disfrute de su público. Lo podrán hacer con más o menos acierto, con mejor o peor gusto, pero lo cierto es que intentan crear música que guste. Dicho de otra manera, sus composiciones aspiran a ser bellas en algún sentido. Luego están los compositores que les importa un rábano si su música gusta a alguien; normalmente ni siquiera les gusta a ellos mismos. Lo que les motiva no es buscar belleza en sus composiciones, sino estar a la última, seguir las tendencias más vanguardistas. Tienen una idea en su cabeza y la siguen, sin importarles el resultado sonoro de su música.

domingo, 24 de marzo de 2019

¿CURAS ROCKEROS?




Por

Para empezar habría que empezar diciendo que el término cura en general se usa hoy de manera despectiva y aunque ha habido honrosas excepciones como el Santo Cura de Ars, en general es mejor llamarles sacerdotes, que es mucho más respetuosa.

Por otro lado en la raíz etimológica de la palabra sacerdote ya está muy definida su misión. El término sacerdos, significa sagrado. Por lo tanto el sacerdote es el hombre dedicado específicamente a lo sagrado.

Un sacerdote, es otro Cristo y debe ser un imitador de Cristo para llevar el amor de Cristo, especialmente a las almas más alejadas.

El sacerdote debe buscar por encima de todo la gloria de Dios y a la salvación de las almas. Y en general hacer aquellas actividades propias de su ministerio (celebrar la Santa Misa, confesar, rezar y administrar el resto de sacramentos….) Debe ser una persona de oración y de penitencia, muerta al mundo.

Teniendo en cuenta esto, lo que es sacerdocio, puede en determinados casos desempeñar otras actividades que no serían incompatibles con su ministerio por ejemplo dar clases, escribir libros, participar en los medios de comunicación, etc. En determinados casos pudieran desempeñar otras profesiones como la medicina, la abogacía, etc. siempre y cuando no pierdan de vista que ante todo son sacerdotes.

También incluso pueden dedicarse a la música, siendo organista, dando clases etc….pero sin embargo en el caso que nos ocupa el rock es algo que no es propio de un sacerdote por todas las connotaciones que tiene este tipo de música y el mundo que lo rodea. Para muchas personas no es edificante ver un sacerdote vestido de rockero, por muy buena intención que tenga porque no esperamos eso de un sacerdote, sino que se dedique a lo sagrado y nos lleve a Dios.

Les dejamos con un interesante artículo que publicamos en esta página sobre los peligros del rock.