sábado, 10 de agosto de 2013

BACH Y PINK FLOYD - III




R.P. Bertrand Labouche

BACH y PINK FLOYD

Breve estudio comparativo de la música clásica y la música rock



 “Canten este Introito largamente, pero sin pesadez, sin grandes matices, con preferencia en una tonalidad baja. Se ve el contrasentido que sería cantarlo fuertemente e ir aumentando poco a poco la inten­sidad para darle ese brillo, bajo el pretexto de la Pascua. Sería elevar su carácter propio y darle un carácter propio totalmente inexpresivo.
“Cántenlo, finalmente pensando solamente en El que habla y en las cosas que El ha dicho, y verán. Para comprenderlo, hace falta saber un poco del cristianismo y de la vida sobrenatural, el verdadero carác­ter de la religión cristiana que es, ante todo, no una gran demostración exterior, no una cuestión de sentimientos, sino una religión interior, una cosa del alma, una adhesión de todo el ser a Dios".
Dom Gajard señala aquí la importancia del conocimiento del catolicismo como una fuente para una buena interpretación. Llevemos es­to al mundo de la música clásica. Es claro que una seria formación en humanidades es una de las grandes lagunas de nuestra época de técni­cos y de computadores. ¡Las teclas que nuestros jóvenes hoy día tocan no son las de un órgano o de un piano! Ahora bien, si la música es una forma de expresión, hace falta que haya algo para expresar por parte del músico y algo que pueda ser comprendido por quien escucha. Si este último evoluciona en un mundo donde la formación en humanidades (literatura, arte, filosofía, historia, música...) está ausente y peor aún, es reemplazada por una formación excesiva en las matemáticas, las ciencias naturales y la informática, es claro que se obtendrá una músi­ca hecha de tecnología y de brutalidad, mientras que la música clásica será como un extranjero porque se desarrolla en un mundo real y hu­mano, y no en un mundo virtual e inhumano.
La conclusión del comentario de Dom Gajard lo demuestra de una manera sobrecogedora: “Saber que se trata de Alguien que tiene una grandeza absoluta, que nos sobrepasa infinitamente. Saber, en fin, que nosotros no tenemos razón de ser sino en Él, para Él, y por Él. Enton­ces el Resurrexi les parecerá como una pieza única, como el verdade­ro canto de Pascua”.
La comprensión de esta pieza de música gregoriana es proporciona­da al conocimiento de Dios.
La comprensión y el amor de la música, y más aún de su creación, necesitan de un mínimo de vida del espíritu, la única que puede satis­facer y elevar al hombre.
Lo verificaremos estudiando un poco dos piezas musicales célebres, la una de Johann Sebastian Bach y la otra de Ludwig van Beethoven.

Primer preludio en Do mayor, del
“Clave bien temperado” de J. S. Bach

En el “Clave bien temperado”, compuesto para sus alumnos, Bach, como buen profesor, clasificó los 24 preludios y fugas por tonalida­des (1): las 24 tonalidades mayores y menores son presentadas en una su­cesión cromática (por semitonos) ascendente.


Bach utiliza muchos tipos de preludios (2): “arpegios”, “figuras regulares”, “tocata”, “aria”, “invención”, “sonata en trío”. El que va a rete­ner nuestra atención, el primer preludio en do mayor, es de tipo “arpe­gio”: Se constituye por una serie de arpegios (acordes en que las notas están tocadas sucesivamente, por ejemplo: re-fa-la para el acorde de re mayor). La pulsación rítmica regular, en 4/4, contribuye a crear una impresión de balance y de tranquilidad. Es de notar que el ritmo está subordinado a la armonía.
La preocupación del compositor es de hacer trabajar la armonía a sus alumnos y de mostrarles qué acorde puede seguir a otro, partiendo de un do inicial para concluir en un do.
Bach utiliza 36 acordes, siendo cada uno tocado dos veces, con la excepción de los dos penúltimos acordes que preparan el acorde final.
He aquí el comienzo del preludio, siendo el primer acorde de do mayor. Este acorde introduce y concluye el preludio...


 He aquí el final:


 Ciertamente, esta pieza es ante todo un ejercicio, pero compuesto por un gran músico, aquel que Beethoven designaba como “el padre de la armonía”. Así, más allá de un medio pedagógico sin dificultad téc­nica particular, Bach escribió un hermoso pequeño preludio, a la vez simple y de una gran riqueza armónica, que constituirá más tarde un acompañamiento maravilloso a la melodía del Ave María de Charles Gounod. El preludio se desvanecerá frente al canto del Ave María, fa­voreciéndolo. Mi propósito es por lo tanto, mostrar que la riqueza de la armonía, sirve y embellece la melodía, y así favorece a la belleza musical. Al contrario, es claro que una armonía limitada a tres o cua­tro acordes no contribuirá más que a empobrecer la melodía y, por lo tanto, la música.
¿Cuáles son los numerosos acordes que Bach utiliza en este prelu­dio?
Do mayor, re menor séptima, sol mayor séptima, do mayor, la me­nor, re mayor séptima, sol mayor, do mayor séptima, do mayor, re ma­yor séptima, sol mayor, sol séptima disminuido, re menor, do mayor, fa mayor séptima, fa mayor, sol séptima, do mayor, do séptima, fa sépti­ma, fa' séptima disminuido, do mayor séptima, sol mayor séptima, do mayor, sol séptima, sol séptima, fa' disminuido, do mayor, sol séptima, do séptima, fa mayor, sol séptima, do mayor.(3)
Sin entrar en consideraciones demasiado técnicas, recordemos que un acorde puede ser “disonante”, como por ejemplo el de séptima (se añade un T intervalo después de la tónica): así, el mi séptima incluye un re que, unido a un mi, forma una disonancia. Estos acordes diso­nantes piden una “resolución”, como el sol séptima cuya “tensión” es resuelta por un do mayor.
Así, en la tercera y cuarta medida:


Dejemos estas precisiones para retener lo esencial:

- Bach emplea una serie extremadamente variada de acordes, cons­tituidos de tensiones y de resoluciones armónicas también variadas. Así, el oído no va a tener una impresión de “ya escuchado”.
- Esta rica diversidad se inscribe en una tonalidad, la de do mayor. El acorde de mayor es el más usado. Por eso el oído siente una impre­sión de unidad.
- Un ritmo regular, sin tirones, respeta esta unidad en la diversidad.
- Sin embargo, faltaría “algo”, un cierto acabamiento. Este bello ejercicio de armonía es sobre todo un ejercicio. Una línea melódica le sería bienvenida. El Ave María de Gounod se lo dará.

Los acordes del preludio de Bach, incluyendo los disonantes, ya que ellos no tienen un fin en sí mismos, mas piden y encuentran cada uno su resolución, dan una bella coloración a la melodía de Gounod, que canta y comenta la salutación angélica.
Por ejemplo: desde el principio, el gratia plena, tan bien expresado por el acorde de la menor, (el único de toda la pieza), para cantar el dul­ce misterio de la plenitud de gracia en María; en la segunda parte del Ave María, que es una oración del hombre pecador, los acordes diso­nantes, relativamente numerosos, traducen la miseria del hombre peca­dor, la gravedad del momento de la muerte, mientras que los acordes mayores muestran la confianza en Nuestra Señora, su poder de interce­sión, etc.

Texto, melodía, armonía, y ritmo: El orden que engendra la belleza musical.
....Escuchen este Ave María, estimados lectores, lo comprobarán fácilmente.

La sonata para piano n° 23, “Apassionata”,
Opus 57, de L.V. Beethoven.

Beethoven compuso esta sonata en 1805, entre la sinfonía heroica (1803) y la célebre Quinta sinfonía (1808), durante la época de su apo­geo, cuando su obra se reviste de una extraordinaria fuerza de expre­sión.
En esta pieza para piano forte, “Beethoven lleva hasta los límites tanto las dimensiones de la obra como las posibilidades sonoras del piano de aquella época: abandona las categorías estéticas en uso y cambia la belleza tradicional (4)”por un nuevo tipo de expresión”.(5) Cier­tamente, la estructura es de una sonata clásica (exposición-desarrollo- recapitulación-coda (6), pero “masas sonoras de una intensidad máxima vienen a hacer irrupción bruscamente: en el matiz ff,(7) sobre un ritmo sincopado, acordes masivos de fa menor, en un movimiento ascenden­te, rompen brutalmente la línea temática y la atmósfera (compás 18), pero este episodio prepara al mismo tiempo la llegada de un segundo tema ascendente en la bemol mayor (compás 35), con una melodía no­ble indicada pp dolce”:


Beethoven habría respondido a Schindler, que le preguntaba el sig­nificado de las sonatas op. 31 n° 2 y opus 57: “¡Leed La Tormenta de Shakespeare!”. La sonata op. 31 n° 2 es en efecto conocida bajo el nombre de “La Tormenta”, pero la opus 57 bajo el nombre de “Appassionata” (8) Sin embargo aquella evoca una verdadera tempestad por sus martillazos y desencadenamientos rítmicos acompañados de violentos contrastes armónicos.
Esta pieza traduce la lucha de las pasiones que son presa del desti­no, la energía interior de este “Napoleón de la música”: “Yo nunca ja­más había visto un artista tan poderosamente concentrado, tan enérgi­co, tan interior”, decía de él Goethe. “Hay seis hombres dentro de él”, habría afirmado Haydn. Uno querría ver ahí la coronación de la vida espiritual de Beethoven, la lucha contra el destino (tema que se encuentra en su Quinta sinfonía: sol-sol-sol-mi: el destino que golpea la puerta...)', después, la aceptación seguida por un sentimiento religioso, no­tablemente en el segundo movimiento, el andante con moto, antes del surgimiento del finale:


Esta sonata ilustra el poder que puede ejercer el ritmo de una composición sobre el corazón y las pasiones humanas, al precio de una so­focación de la melodía y de una fuerte tensión armónica. Beethoven no va a llegar al punto de sacrificar la música por el ritmo, como hacen los grupos de hard rock, pero él sabe desencadenar el ritmo como ningún otro músico había jamás pensado u osado hacerlo.
De una cierta manera, sus efectos rítmicos son más violentos que los del rock, porque inteligentemente son puestos en contraste con me­lodías revestidas de una gran nobleza y suavidad, o de una profunda religiosidad.(9) Una composición musical que se reduzca esencialmente al ritmo no sabe proponer estos contrastes; no es sino violencia. Volveremos a este punto. Que nuestros jóvenes escuchen a Beethoven, ahí encontrarán aquello que el rock no les puede dar: fortaleza, nobleza y profundidad.
Entremos por ahora en la estructura misma de la sonata “Appassionata”. Yo les sugiero escucharla mientras leen el cuadro que nos ha dado S.E.R. Mons. Williamson, gran conocedor de Beethoven:



...¡Uf!, ha pasado la tempestad, el volcán ha puesto fin a su erup­ción. Un contemporáneo de Beethoven decía que, después de haberla escuchado en piano, ¡él había sido incapaz de encontrar su sombrero en el vestuario!
Berlioz narra así el entusiasmo frenético que produjo entre los parisinos las tres primeras ejecuciones de la Quinta sinfonía (ejecutadas en 1828 en un intervalo de seis semanas), así: “El auditorio, en un mo­mento de vértigo, cubrió la orquesta con sus gritos; eran exclamacio­nes furiosas, mezcladas con lágrimas y con carcajadas... un espasmo nervioso agitaba toda la sala”.
...Podría uno preguntarse si esta reacción no es la misma de una muchedumbre durante un concierto de rock. Distingamos:
• En tanto que es una música revolucionaria, cuyas audacias y vio­lencia rítmicas (memorizar esto) y los fuertes contrastes armónicos des­truían las reglas musicales de la época: Sí. Las mismas causas produ­cen los mismos efectos.
• En tanto que una obra de un músico que domina perfectamente un material musical melodía /armonía original y muy rico, aun en un contexto agitado y pasional: No. No se puede afirmar que este poder emocional inmola el arte musical en el simplismo de una brutalidad sin alma. Beethoven es un gran músico —que un Pío XII apreciaba mu­cho— y que profesaba una profunda admiración por Johann Sebastian Bach, de quien se inspiró muchas veces; decía de él “que no se debía llamar «Bach» («arroyo», en alemán) sino océano".
Toda la música de Beethoven no está hasta este punto tan desenca­denada; lejos de eso su concierto para violín y orquesta, su quinto con­cierto para piano, el adagio lleno de una noble dulzura, sus cuartetos para cuerdas, muchas de sus otras obras, unen maravillosamente la imaginación creadora y la maestría del arte musical, siendo estos los dos componentes del genio.
Los críticos vieneses, que se encontraban tan descontentos y reser­vados después de la creación de la Primera sinfonía —uno los com­prende— encontrarán para esta sinfonía términos muy elogiosos des­pués de cinco años: “una magnifica creación artística, que despliega con tanto esplendor y gracia una riqueza inaudita de excelentes ideas, y en la que reinan en todo momento la coherencia, el orden y la clari­dad”. La música de “ese sordo que entendía lo infinito”,(10) impregna­da de voluntad, de poder, de sensibilidad y de imaginación conquista­dora marcó todo el siglo XIX, el siglo del romanticismo.
Es cierto, sin embargo, que se debe extraer una lección de esta so­nata, que merece bien el nombre de “Apassionata”: un ritmo desenca­denado, sincopado, una fuerte tensión armónica debida al empleo de acordes disonantes repetidos y no resueltos, los crescendos desmesura­dos tienen efectos sobre la sensibilidad y las pasiones humanas, pues su origen es, precisamente, pasional. Inestabilidad, frustración, exacerba­ción son el resultado.
Ciertamente, un volcán en erupción ofrece un espectáculo donde la grandeza no es sinónimo de fealdad, ¡pero es mejor no acercarse dema­siado a él!...
Pero cuando nuestros jóvenes pretenden que la “música de papá” es amanerada, sería necesario incitarlos a acercarse a este volcán, por lo menos para destruir sus prejuicios; y puede ser que esto los lleve a reflexionar un poco sobre la naturaleza y el valor de la música “rock” con la cual se llenan y sufren sus consecuencias.


NOTAS:
(1). También Chopin clasificó sus 24 preludios (op. 28 - 1839) por tonalidades, no en una sucesión cromática sino según el ciclo de las quintas.
(2). Ulrich Michels, p. 145.
(3). Aquí los acordes son designados sin precisar algunas diferencias; así, todos los sol 7a no son tocados igualmente.
(4). Al contrario, su sonata Opus 2, n° 1 es de forma clásica.
(5). Ulrich Michels, pág. 403.
(6). Movimiento sobre lo cual se acaba una pieza musical.
(7). Fortísimo.
(8). Fue dedicada al Conde Franz von Brunswick, quien le dio este nombre.
(9). Escuchar en la Appassionata el desarrollo del primer movimiento con sus momentos líricos o el andante con sus suaves variaciones.
(10). La expresión es de Víctor Hugo. La sordera conducirá a Beethoven casi al sui­cidio, como lo reveló en su testamento de Heiligenstadt.