jueves, 29 de agosto de 2013

EL GURÚ DE LA MÚSICA “NARCOBOLCHE”

O la Resistencia Anticapitalista “esponsoreada” por las multinacionales

Por Guillermo Rojas


Los que hayan leído el subtítulo de esta nota, se habrán puesto a reír a carcajadas pensando que al autor “le faltan algunos jugadores”.
En realidad no es así (al menos en lo refe­rente al tema en cuestión): en este mundo extraño y contradictorio de la globalización, podemos encontrar comunistas que traba­jan para empresas del capitalismo más con­centrado; izquierdistas acérrimos y guerri­lleros que se comen un yanqui crudo todos los días, financiados por fundaciones norteamericanas; socialistas que respetan a raja­tabla las reglas del liberalismo económico; progresistas que aúllan contra el FMI, mien­tras por detrás le entregan la billetera (la nues­tra por supuesto) y un interminable etc. de situaciones  similares.
La cultura ya sabemos que no es ajena a dichos avatares y la música no ha quedado fuera de estos manejos. Un ejemplo es nuestra ya conocida música “narcobolche” de la que nos hemos ocupado en este diario, en ocasión de las declaraciones de uno de sus más encumbrados personajes locales.


Santaolalla cuando era más joven.

Hemos dicho más o menos cuáles son los elementos de esta música, fundamentalmen­te tributaria del movimiento rock y por ello con una temática similar: sexo, consumo de narcóticos y anarco-rebelión, en este caso puntual, como supuesto cóctel contestata­rio y “moralizador” contra el sistema deca­dente que padecemos.
Pero, si pretendemos que esta es la reali­dad e identificamos lo que la propaganda y las canciones dicen con las reales motiva­ciones de quienes dirigen y ejecutan toda esa magia, indudablemente nos recibiremos de giles con diploma de honor.
Donde profundizamos un poco, donde raspamos la pared publicitaria, nos encontramos enseguida con la realidad desnuda contante y sonante de la guita a raudales, que este tipo de manifestaciones culturales - descerebrantes, opiáceas y marketineras del consumo de alcaloides y otras substancias peligrosas y/o prohibidas entre la ya maltra­tada juventud- le producen a un grupo de empresas y empresarios que explotan a es­cala internacional este género musical.
Entre ellos sobresaldría un argentino, que muchos de los lectores, de alrededor del me­dio siglo de vida, tal vez recuerden. Se trata de Gustavo Santaolalla, que se hiciera famo­so por ser uno de los introductores de la de­nominada música progresiva, que interpre­taba con el bucólico conjunto Arco Iris, allá por fines de la década de los sesenta y prin­cipio de los setenta, con melena y barba larga.

De la comuna hippie al sillón executive.

Nuestro hombre es la materia gris de un pool de empresas que se dedican a explotar a escala mundial este tipo de música seudo- contestataria. Según el mismo lo dice, reco­rrió un largo camino que, luego de ser mona­guillo y aspirante al sacerdocio, lo llevó de formar parte de una secta del flower power (donde se practicaba el lavado de cerebro), como él mismo define a Arco Iris, a ser el ejecutivo estrella de la música rock Latinoa­mericana.
Como no podía ser de otra forma, admira al Che Guevara diciendo de él: “El año que mataron al Che yo estaba grabando mi pri­mer disco. Entonces él es parte de mi creci­miento y es una figura que siempre será un referente no sólo como argentino, sino como americano y como ser humano” al mismo tiempo que afirma (cuando no) haber sido perseguido por la Dictadura Militar, por lo que terminó “exiliado” (ignoramos si pedirá indemnización), no precisamente en el paraí­so socialista, sino en las doradas playas de California, donde comprendió finalmente cual era la máquina y la sustancia con que funcio­naba la música de la que era fanático: las empresas multinacionales discográficas y el dinero.

 Luego de haberse “dado con todo” (a buen entendedor pocas palabras), según el mismo afirma risueñamente, produjo de “Ushuaia a La Quiaca” con León Gieco (no sabemos si narco pero bolche seguro). Luego realizó lo que llama un mapa musical del continente, en realidad una serie de estudios de mercado sobre la música Latinoamericana y formó el sello discográfico SURCO, que actualmente preside, con el que reclutó a los Cadillacs, la Vela Puerca, Bersuit, Café Tacuba, Molotov, Árbol, Control Machete y otros conjuntos menos conocidos, al mismo tiempo que realizaba bandas de sonido para las empresas filmográficas norteamericanas.


Santaolalla hoy, oscarizado.

Pronto su discográfica se convirtió en el sello Under, asociada a la multinacional Uni­versal Music Group (UMG) (1), de la que depende actualmente. Enterándonos así, de forma más que fehaciente, a quienes repor­tan personajes como el descrito y quiénes se benefician millonariamente con la cultura de la contestación social trucha y el panegí­rico del descontrol, la droga y el alcohol. Fi­nalmente todo este circuito supuestamen­te revolucionario terminaba en una em­presa transnacional.

El ‘ ‘verso’  de la resistencia musical antisistema

Así, este personaje se ha constituido en la primera espada de las empresas discográ­ficas yanquis, en este caso la Universal, en la explotación del negocio de la contracultu­ra y de una suerte de anarco-resistencia al sistema planteada desde el ámbito de la mú­sica. Aunque sus bolsillos se encuentran abultados millonariamente trata de pasar des­apercibido y hacer creer que es un sujeto común y corriente que vive al día contando moneditas y que “trabaja para pagar sus im­puestos” (sic). Demagógicamente intenta pasar por un explotado más del sistema. Un desposeído que quiere rebelarse y resistir al imperio por medio del arte. Al mismo tiempo rechaza la afirmación de ser el Rey Midas del rock latino, ya sabemos el prurito que tienen los progresistas de que se sepa que embol­san dinero. Que “se sepa”, porque de em­bolsarlo no tienen prejuicio alguno así ven­ga del supuesto enemigo.
Francamente, si no fuera que toda esta mascarada burda de la resistencia musical existe, y capta a ejércitos enteros de incau­tos a quienes les corrompe la inteligencia y los anestesia justamente y entre otras co­sas, para evitar que resistan, habría que in­ventarla para morirse de la risa.
En el 2002 la empresa discográfica nominalmente de Santaolalla auspició un concur­so cultural, uno de cuyos capítulos compren­día la música. Dicho evento fue profusamen­te publicitado por la prensa izquierdista y progre como el actual boletín oficial Página 12 (en aquel momento fingiéndose indepen­diente), el suplemento imbecilizante, que para la juventud elabora el diario de la viuda de Noble y otros canales con la inefable Rock and Pop a la cabeza. Se trataba de un su­puesto “Festival de la Resistencia". De allí saldría un conjunto de entre muchos de los inscriptos, que grabaría un CD con el sello SURCO. Además de ganar unos cuantos mi­les de dólares, algo más de 20 mil, aportados por la discográfica transnacional que auspi­cia estas manifestaciones musicales, la Uni­versal Music Group.
El grupo agraciado resultó llamarse La Zurda, podríamos decir un nombre y un destino.


Hacia la libertad por el porro

Para tener una somera idea de cuál es el ideario de los grupos que reciben el apoyo y la promoción de nuestro hombre y por ende de la empresa transnacional discográfica que se mueve detrás, reseñaremos algunas opi­niones vertidas por los personajes que com­ponen La Zurda que luego de ganar se pu­sieron la venda antes de la herida: “Somos una banda under con una compañía multinacional, nada más, nos sigue costando pagar la luz y el agua”, no sea cosa que alguien avive el seso y los identifique con lo que dicen combatir. Además de decir que solo les interesa la Revolución, tratando de justificar o justificarse (mal de muchos con­suelo de tontos) afirmarán: “faloperos somos todos, desde el que toma Coca Cola hasta el que va a Showcenter” como si las dos últimas cosas fueran lo mismo que la mari­huana y la cocaína agregando para rematar: “La política de La Zurda es hacer música desde un punto de vista social, desde el momento en que agarramos un charango y decimos falopero a este mundo, estamos haciendo política”.
Esta mezcla de ideología de izquierdas, jus­tificación y minimización de la drogodependencia, comparándola y asimilándola al gus­to por los caramelos o las bebidas gaseosas es una de las temáticas de la música narco-bolche.
De la misma manera y en una misma can­ción de La Vela Puerca se apelará a la llega­da de una Legión Libertadora contra el impe­rio y al mismo tiempo se dirá a los escuchas “vayan pelando las sedas que la Vela ya llegó”, en una alusión a los papeles para ar­mar cigarrillos de marihuana o porros.
El recurrente tema de la resistencia contra el capitalismo, no es más que una pantalla, una pantalla formada por el mismo hecho de hablar permanentemente de algo que no se lleva a la práctica jamás, algo con lo que se entretiene mientras se hace creer que la dro­ga es rebeldía contra el sistema, cuando es un método más de control social igual que la música que mencionamos.
El imperio sabe de la enorme energía de la juventud de estas latitudes y que en definiti­va muchos de sus integrantes intuyen oscu­ramente la existencia de la Patria como la Tie­rra que hay que defender. Por ello necesitan canalizar esa energía hacia la nada para evi­tar que se torne resistencia real. Eso se logra con este tipo de música para corromper la inteligencia y la conciencia e impedir que los jóvenes resistan. Es la anestesia, el opio para seguir chupándonos la sangre con más tran­quilidad e indefinidamente. De eso se ocu­pan diligentemente estos ejecutivos con as­pecto de hippies, esa es la finalidad de la contracultura diseminada por las empresas transnacionales. Este es el verdadero opio de los pueblos.

Referencia del Director:
(1)           Pertenece a la dinastía Bronfman, propie­taria de la compañía originariamente de bebidas Seagram Co., que a su vez, tiene el control del 80% de MCA. Ésta, a su vez es propietaria de RCA y de Universal Studios. La familia también tiene intereses, entre otras empresas, en Time Warner, Hees International Bancorp, Noranda, John Labalt, y Royal Trustcorp. Su actual presi­dente es Edgar Bronfman Jr., hijo de Edgar Bron­fman, que se desempeña como Presidente del Congreso Judío Mundial y que en tal condición condujo una campaña para obtener una compen­sación de los bancos suizos para las víctimas del Holocausto.

Patria Argentina, Diciembre de 2004.