martes, 13 de agosto de 2013

¡A PURO ROCK!


Los Beatles y el Rock and Roll

Frecuentemente la música es fiel reflejo de la sociedad, sea porque se anticipa a las tendencias del momento o porque las sigue.
Siempre ha existido una música popular, ajusta­da a las características del momento; pero la eclo­sión de conjuntos musicales que se produjo a me­diados del S. XX, a partir de los Beatles, era cosa totalmente desconocida.
El ambiente de postguerra en los años cincuen­ta, cargado de frustración y hastío, predispuso al florecimiento de nuevas tendencias musicales, entre las que sobresalía el rock'n'roll, que atrajo el mayor número de adeptos por su estridencia y su explo­sión rítmica. Era lo que faltaba para el aturdimiento de la mente y la evasión de los espíritus.
Por su agresividad pronto se identificó con la juventud en quien produjo un efecto de liberación, de ruptura con el modo de vivir, con las normas morales y sociales, todo esto precedido de la libera­ción sexual, como lo preconizaba Herbert Marcuse.
La revolución sexual fue el preludio de la revolu­ción social, pues el sexo es un arma poderosa para romper con las ataduras morales y generar una contracullura, o sea, una nueva forma de vida que se asiente sobre valores opuestos a los tradicionales.
Para Marcuse esta contracultura significa la negación de la tutela y guía de la sociedad y de la familia particularmente.
El barroco fue el gran arte de la Contrarreforma en el S.XVII; el rock es hoy el arte de esta contracul­tura, que ha dejado al hombre falto de defensas naturales, a merced de siniestras manipulaciones a través de la música y el ruido que lo altera física, psicológica y mentalmente.
Junto a esta contracultura del rock, llegó el in­greso en el mundo de la droga con el que se asocia estrechamente el alcohol, la promiscuidad sexual, el aborto y el SIDA.
Cualquiera puede ser la teoría que pretenda ex­plicar las causales de la aparición de este fenómeno musical, lo cierto es que destruye los valores tras­cendentales del cristianismo que resguardan a nues­tros jóvenes, ya que significan un modo de vida sana para toda la sociedad.
En medio del estrépito de un país en derrumbe moral, no es nada sorprendente el aluvión rockero que en forma de torrente de aguas servidas viene arrasando, como un tsunami, con un importante segmento de nuestra juventud.
Cualquier persona medianamente pensante, pre­ocupada por la juventud del país, se estará preguntando qué intereses se mueven detrás de tanto despliegue de difusión y promoción, por todos los medios, convocando a miles de jóvenes a estos amon­tonamientos llamados megafestivales, de dudosa ca­tadura.
¿Serán sólo intereses de ganancia asegurada?; o también, estará operando detrás de esto, la carga perversa que desde sus orígenes arrastra esta músi­ca, manipulada en la sombra por personajes u orga­nizaciones con propuestas que no se publicitan, pero que se revelan en los mensajes subliminales que se les hace llegar a los jóvenes.


Herbert Marcuse
El rock nacional (extraña denominación) con alguna característica propia, participa total y abso­lutamente de la filosofía del rock'n’roll: parte de una concepción de vida sin esperanza, anárquica y autodestructiva, para avanzar por un camino sin Dios, sin valores trascendentes, inmersa en el submundo de la droga, de la promiscuidad, el alcohol y la violencia; sin familia y sin modelos.
Para que a nadie le queden dudas y pueda pen­sar que estas afirmaciones son irreales e infundadas, transcribo aquí, algunas letras rockeras en las que hay reiteradas incitaciones al consumo de drogas y elogios a la homosexualidad, al sexo libre y la violen­cia.
Estás buscando alguna religión/estás buscando un incienso (droga).../ estás buscando un porro (marihuana) de papá. (Un símbolo de paz, Charly García).
Si estás entre volver y no volver (a la droga)/si ya metiste demasiado en tu nariz (cocaína)/..../(Cable atierra, Fito Páez).
No quiero estudiar, ni ir a trabajar, vivo al borde de la ciudad/me quiero volar, tengo que escapar... (Chico marginado, M. Mateos).
Cambiaste de tiempo y de amor/ /cambiaste de sexo y de dios/.../y en sensual abandono vendrá (droga)/ /y llevas el caño a tu sien/bang, bang, bang (Charly García).
Se empezó a cansar/ y así probó algunas pasti­llas/ se volvió a cansar/y no paró hasta la heroína / / dicen que un ángel lo atrapó en el baño /...(Fito Páez).
Un señor que yo conozco/anda, siempre con muchachos/../en un baño de Lavalle/...(obscenidad)/(Acuarela homosexual, C. García).       
Estos son los modelos que se proponen a nues­tros jóvenes a través del rock. Seguir con ejemplos como estos sería interminable.
La conclusión de este trabajo será una retros­pección a Carmen de Patagones, considerando que encaja perfectamente aquí.
No es una referencia al hecho en sí, harto cono­cido, sino al tratamiento que le dieron los "medios" y la casi totalidad de los analistas, que mientras se rasgaban las vestiduras miraban para otro lado para no decir con claridad cuáles fueron las verdaderas influencias que llevaron al joven a cometer el delito.



Charly García destruyendo su guitarra.

Con el sensacionalismo característico de los medios argentinos, se dieron numerosas explicaciones, todas muy racionales, pero que esquivaban prolijamente el tema del rock y su nefasta influencia. Nada de esto era tenido en cuenta como hecho determinante de la tragedia.
Se sabía que la afición musical del joven había sido primeramente hacia un género de apología al delito y que posteriormente había evolucionado hacia el denominado Satán Rock, encarnado en Marilyn Manson. Su idolatría por este personaje de sexo indefinido y declarado seguidor del demonio, evidente en la extraña vestimenta que utilizaba (generalmente negra) y en las citas textuales de las canciones y pensamientos de esta "estrella” del rock.
Algunos de sus mensajes fueron: "Si alguien sabe el sentido de la vida, que lo escriba". "La mentira la única felicidad".
¿Qué quería decir con esto, este joven? Que los argentinos vamos por mal camino.
Y así terminó silenciado y ridiculizado un aspecto importante del componente de este drama, que mostró palmariamente la influencia destructora del rock en los jóvenes.

José Eduardo Alonso
ExDirector del Conservatorio Provincial de Música de Córdoba.
Córdoba, 8 de febrero de 2005.

Patria Argentina, Julio de 2005.