jueves, 29 de agosto de 2013

LINIERS, NUEVAMENTE FUSILADO (POR LA CONTRACULTURA DE LA DEMOCRACIA)

Reproducimos a continuación una noticia aparecida en el diario La Razón, que da cuenta de un ciclo de homenajes al “Rock nacional” a realizarse en la Casa donde viviera el gran héroe de la Patria Argentina  Santiago de Liniers. Casa hoy convertida por el gobierno progre de la ciudad en un “centro cultural”. De manera tal que aquel gran héroe que lucho y venció a los ingleses en las invasiones a Buenos Aires, posteriormente asesinado salvajemente por los revolucionarios de Mayo y a manos de un pelotón de soldados ingleses, hoy nuevamente recibe una afrenta al homenajearse un género musical que nos fue impuesto precisamente por el mismo enemigo de entonces para dominar culturalmente a este pueblo sin necesidad de arma alguna. Vaya desde aquí nuestro renovado homenaje  a uno de los Padres de la Patria y nuestro repudio a semejante afrenta que no hace otra cosa que mostrar que sin héroes como aquellos sólo nos queda ver cómo los enemigos de siempre vuelven a burlarse de quienes son incapaces de amar lo propio y caen bajo el engaño de la revolución que cambia de nombres, de caras y de ropas pero es siempre la misma. 
Sólo apto para los fanáticos del rock
“Rebelde es mi corazón / soy libre y quieren hacerme esclavo de una tradición. / Todo se hace por interés / porque este mundo es al revés / si todo esto hay que cambiar / siendo rebelde se puede empezar”, letra de Moris el “Padre” del “Rock nacional” con su conjunto los Beatniks.
A partir de mañana habrá charlas que brindarán especialistas que forman parte del movimiento rockero argentino.

La Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, dependiente del Ministerio de Cultura porteño, pondrá en marcha mañana a las 17,30 en el Espacio Virrey Liniers, Venezuela 469, con entrada libre y gratuita, el ciclo “Buenos Aires y el Rock: una historia de medio siglo”.

El ciclo consta de cuatro encuentros con historiadores, periodistas y músicos que investigan o que fueron parte de la historia del movimiento rockero argentino, para así conocer un poco más de la relación que se ha tejido entre nuestra ciudad y el rock. Una música que es parte de la banda de sonido de Buenos Aires y en la que confluyen abuelos, padres y nietos. Las charlas serán cinco y estarán acompañadas por un breve set de canciones en voz y piano. Programación: --Mañana a las 17.30: Micro musical a cargo de Andrés Alarcón. Charla con Darío Calderón: “Buenos Aires, la ciudad del rock naciente. Lugares fundacionales y míticos de una relación que perdura”.
--Martes 3 de septiembre, también a las 17.30: Micro musical a cargo de Andrés Alarcón. Charla con Sergio Pujol: “La gran ruptura: la música joven argentina entre el Club del Clan y Artaud 1963/75”.
--Martes 10 de septiembre, a las 17.30: Micro musical a cargo de Andrés Alarcón. Charla con Pipo Lernoud: “El grupo fundacional. Intelectuales, rockeros y náufragos”.
--El cierre será el viernes 20 de septiembre a las 17.30: Charla con Pablo López Coda: “Rock en años de plomo. 1976/1982”. José M. González Losada: “Dos décadas a todo rock. Los 80 y los 90”.



La casa donde vivió Liniers, hoy convertida en "Centro (Contra)Cultural".


El pirata inglés Beresford se rinde ante Liniers.


MÚSICA DE LA TIERRA


MÚSICA DE LA TIERRA

HASTA ÉL LO DICE…


Charly García: “Estoy destruyendo la música”
 
Charly García sonríe en un hotel de lujo donde se exhibe la imagen de uno de los mayores genocidas del mundo: Mao Tse Tung. Allí dio una entrevista promocional de su nuevo engendro.

Antes de tocar en septiembre en el Colón, habló de la obra sinfónica que presentará allí, de su concepto de deconstrucción y del rock, que para él debe ser peligroso.

18.08.2013
Por Sandra De La Fuente

La limousine que está en la puerta combina con el estilo pretencioso del Faena. ¿Será la limousine de Charly? ¿Ya llegó y está esperando? Por las dudas, a correr por la interminable alfombra roja hasta el bar. Pero una estrella de rock puntual no es del todo estrella o no pertenece al rock. Y Charly es ambas cosas, así que la limousine no era la suya: después de una hora y media de espera en ese bar de luces bajas y música fuerte alguien finalmente invita a subir a la suite 704 donde, dice, Charly está listo para atender al periodismo, para hablar de Líneas Paralelas - Artificio Imposible, la obra que estrenará el 23 de septiembre en el Colón.
En el trayecto hasta la suite, su agente de prensa encuentra todavía tiempo para listar los tópicos por los que García no quiere pasar: no hablaremos de pérdidas -ni Mercedes Sosa (una madre, una novia, todo para él), ni Falú (su padrino, quien descubrió que tenía oído absoluto), ni Juan Alberto Badía, ni siquiera el flaco Spinetta-; no asimila la muerte. Todos son nombrados en un eterno presente.
Ahora sí, llegamos a la habitación, se escucha su voz: “¡No soy una modelo! No pienso pararme delante de todos logos de anunciantes. Primero que paguen y después vemos”, se defiende frente a un grupo de ¿productores? hasta zafar del compromiso de pararse delante de ese cortinado cubierto de logos, tan típico de revistas donde la actualidad se define por la cantidad de cirugías a las que se atrevieron los famosos de la tele.
Ya estamos sentados, micrófono abierto, a punto de conversar, sólo necesita ordenar un par de apuntes que lo ayudarán a explicar su proyecto, a no dejar nada de lo que le importa sin comunicar. “No me grabes todavía, pará”, pide y me señala una foto de una citarina “¿Conocés qué es esto”, pregunta. “La compré cuando tenía tres años, fue mi primer instrumento”. Muestra las líneas dibujadas en un papel guardado entre la tabla armónica y el encordado del instrumento. “Practicás sobre este dibujo y te aprendés la marcha nupcial”.
¿Cuál, la de Mendelssohn o la de Wagner?
Qué sé yo, tenía tres años y la tocaba de memoria. Y de ahí al conservatorio, a los cuatro años.
¿En tu vida de músico profesional te sirvieron esos ocho años de formación académica?
Sí, claro. Yo tocaba de oído y en el conservatorio aprendí a leer música, que es algo fenómeno. Pero me cansé de tocar las piezas de los muertos y los profesores no me dejaban componer. Cuando escuché a los Beatles me di cuenta de que estos tipos componían lo que querían, se llenaban de guita y las minas estaban todas detrás de ellos. Y además, tocaban música clásica.
¿Clásica?
Sí, las estructuras de las canciones son perfectas. Los Beatles no son de este planeta.
Love Me Do, por ejemplo, tiene los acordes sin tercera (se refiere a la nota mediante que define el modo de un acorde como mayor o menor). Y ese es uno de los trucos que más hacía que la gente se interesara, porque deja un espacio para que cantes y también para la ambigüedad tonal. Si falta la tercera en el acorde no sabés si esa música es alegre o triste, es la gente, el que escucha, el que decide.
No creo que sea eso lo que hace a la canción alegre o triste. Fijate que la Marcha Peronista está en modo menor y se la canta como si fuera alegre.
(Suelta una carcajada) ¿No ves lo que yo digo? ¡Ese es el problema! ¡Por eso la gente está tan confundida! Ahora, de verdad, a mí me interesa la ambigüedad, no saber cómo funcionarán las cosas desde el principio.
Esa idea de la falta de terceras conduce “Líneas Paralelas”, ¿no?
Sí, las líneas paralelas, haces de luz que van a dar en el escenario como si fueran las luces de un aeropuerto. En el medio va a estar Jean François Casanovas, que va a recitar. Y ese intervalo de tercera va a tirar para un lado y para otro, va a deformar todo. Todo el sonido será en estéreo, con dos parlantes distintos, uno que no soporte los agudos y otro que no tolere los graves.

García y otro "lindo" personaje: la reina de Inglaterra.

En alguna oportunidad dijiste que querías usar el Colón para medir distancias entre el oyente y el sonido. ¿No necesitarías para eso un sonido acústico, sin parlantes?
Es que no puedo, porque el batero toca como Led Zeppelin. La orquesta está abajo, en el foso y nosotros arriba, con juguetitos. Pero quiero que los violines hagan la parte de la guitarra eléctrica y combinar los sintetizadores, los viejos sintetizadores como el theremín y el melotrón. Voy a estar en un púlpito con dos alas, tengo un tecladito remoto. La obra es una suite musical de ciencia ficción.
¿Por qué suite?
Porque agarro muchas partes que ya hice y las mezclo con partes nuevas para modular y para que se vayan cerrando esas líneas. Es todo un track entero con un intervalo en el medio para que la gente vaya a tomar champán. Después del intervalo no va a haber nadie en el escenario ni en el foso, va a haber solo ritmos, ruidos que terminan enYendo de la cama al living.
No sé si es esto va a ser música clásica. Al principio sí, pero después se va para el lado de Stravinski y después viene el ritmo solo, que en la música clásica no existe.
Sí que existen piezas de ritmo solo en la tradición académica 
Bueno, sí, pero sin negros.
¿Sin negros?
Claro, los negros eran esclavos, por eso no hay ritmo negro en la música clásica. Quiero que no se diferencien los instrumentos, que se escuche el todo y que haya como una deconstrucción. Al final van a quedar sólo dos instrumentos. Termina con un Si tocado por una mujer y un hombre en dos violonchelos, cuando ese Si se empiece a desafinar termina la obra.
¿De dónde salió este plan?
El asunto es que un día me levanto y veo que me salen dos rayos y pegan en la pared, era mi época Say no More, y los rayos pegan en la M de More. Si la pared hubiera sido traslúcida habría visto el triángulo que se formaba en el baño. Mientras eso pasaba me venían 127 ideas a la cabeza, todas juntas. Fue una clarividencia. Yo estaba en Nueva York y Yoko Ono estaba a la vuelta. Fui a verla. Yo me preguntaba qué quería decir el triángulo ese que se formaba en el baño.
¿Ella te dio una explicación?
Me dijo que es antimateria. Yoko es una masa total y yo me sentía John Lennon. Estaba comunicada conmigo porque sabía que yo sabía todo de la historia. Acá hay un concepto previo y una cosa jodida: estoy detruyendo el acorde, por lo tanto estoy destruyendo la música. Pero trataré de que el sonido sea lo más parecido a Strawberry Fields Forever. Yo en esa época no sabía qué era un melotrón ni un sintetitzador. Los Beatles jamás ponían data. Después vino Chick Corea y empezó a decir que usaba un DX7 o lo que fuera y, claro, uno se desilusionaba. Quiero que la música sea más como una película, no me importa si el instrumento es sampleado o no. Hace mucho que no me interesan los músicos, sino los directores de cine. Desde que murió Kurt Cobain ningún músico me provocó nada. El mundo es otro, ya no está el idealismo, nadie fuma, la gente está con su telefonito haciendo boludeces. Para mí el rock es Beatles, Stones, Bob Dylan, Who, Nirvana. No tiene que ser fuerte, pero tiene que tener peligro.


MÚSICA DEL INFIERNO

EL GURÚ DE LA MÚSICA “NARCOBOLCHE”

O la Resistencia Anticapitalista “esponsoreada” por las multinacionales

Por Guillermo Rojas


Los que hayan leído el subtítulo de esta nota, se habrán puesto a reír a carcajadas pensando que al autor “le faltan algunos jugadores”.
En realidad no es así (al menos en lo refe­rente al tema en cuestión): en este mundo extraño y contradictorio de la globalización, podemos encontrar comunistas que traba­jan para empresas del capitalismo más con­centrado; izquierdistas acérrimos y guerri­lleros que se comen un yanqui crudo todos los días, financiados por fundaciones norteamericanas; socialistas que respetan a raja­tabla las reglas del liberalismo económico; progresistas que aúllan contra el FMI, mien­tras por detrás le entregan la billetera (la nues­tra por supuesto) y un interminable etc. de situaciones  similares.
La cultura ya sabemos que no es ajena a dichos avatares y la música no ha quedado fuera de estos manejos. Un ejemplo es nuestra ya conocida música “narcobolche” de la que nos hemos ocupado en este diario, en ocasión de las declaraciones de uno de sus más encumbrados personajes locales.


Santaolalla cuando era más joven.

Hemos dicho más o menos cuáles son los elementos de esta música, fundamentalmen­te tributaria del movimiento rock y por ello con una temática similar: sexo, consumo de narcóticos y anarco-rebelión, en este caso puntual, como supuesto cóctel contestata­rio y “moralizador” contra el sistema deca­dente que padecemos.
Pero, si pretendemos que esta es la reali­dad e identificamos lo que la propaganda y las canciones dicen con las reales motiva­ciones de quienes dirigen y ejecutan toda esa magia, indudablemente nos recibiremos de giles con diploma de honor.
Donde profundizamos un poco, donde raspamos la pared publicitaria, nos encontramos enseguida con la realidad desnuda contante y sonante de la guita a raudales, que este tipo de manifestaciones culturales - descerebrantes, opiáceas y marketineras del consumo de alcaloides y otras substancias peligrosas y/o prohibidas entre la ya maltra­tada juventud- le producen a un grupo de empresas y empresarios que explotan a es­cala internacional este género musical.
Entre ellos sobresaldría un argentino, que muchos de los lectores, de alrededor del me­dio siglo de vida, tal vez recuerden. Se trata de Gustavo Santaolalla, que se hiciera famo­so por ser uno de los introductores de la de­nominada música progresiva, que interpre­taba con el bucólico conjunto Arco Iris, allá por fines de la década de los sesenta y prin­cipio de los setenta, con melena y barba larga.

De la comuna hippie al sillón executive.

Nuestro hombre es la materia gris de un pool de empresas que se dedican a explotar a escala mundial este tipo de música seudo- contestataria. Según el mismo lo dice, reco­rrió un largo camino que, luego de ser mona­guillo y aspirante al sacerdocio, lo llevó de formar parte de una secta del flower power (donde se practicaba el lavado de cerebro), como él mismo define a Arco Iris, a ser el ejecutivo estrella de la música rock Latinoa­mericana.
Como no podía ser de otra forma, admira al Che Guevara diciendo de él: “El año que mataron al Che yo estaba grabando mi pri­mer disco. Entonces él es parte de mi creci­miento y es una figura que siempre será un referente no sólo como argentino, sino como americano y como ser humano” al mismo tiempo que afirma (cuando no) haber sido perseguido por la Dictadura Militar, por lo que terminó “exiliado” (ignoramos si pedirá indemnización), no precisamente en el paraí­so socialista, sino en las doradas playas de California, donde comprendió finalmente cual era la máquina y la sustancia con que funcio­naba la música de la que era fanático: las empresas multinacionales discográficas y el dinero.

 Luego de haberse “dado con todo” (a buen entendedor pocas palabras), según el mismo afirma risueñamente, produjo de “Ushuaia a La Quiaca” con León Gieco (no sabemos si narco pero bolche seguro). Luego realizó lo que llama un mapa musical del continente, en realidad una serie de estudios de mercado sobre la música Latinoamericana y formó el sello discográfico SURCO, que actualmente preside, con el que reclutó a los Cadillacs, la Vela Puerca, Bersuit, Café Tacuba, Molotov, Árbol, Control Machete y otros conjuntos menos conocidos, al mismo tiempo que realizaba bandas de sonido para las empresas filmográficas norteamericanas.


Santaolalla hoy, oscarizado.

Pronto su discográfica se convirtió en el sello Under, asociada a la multinacional Uni­versal Music Group (UMG) (1), de la que depende actualmente. Enterándonos así, de forma más que fehaciente, a quienes repor­tan personajes como el descrito y quiénes se benefician millonariamente con la cultura de la contestación social trucha y el panegí­rico del descontrol, la droga y el alcohol. Fi­nalmente todo este circuito supuestamen­te revolucionario terminaba en una em­presa transnacional.

El ‘ ‘verso’  de la resistencia musical antisistema

Así, este personaje se ha constituido en la primera espada de las empresas discográ­ficas yanquis, en este caso la Universal, en la explotación del negocio de la contracultu­ra y de una suerte de anarco-resistencia al sistema planteada desde el ámbito de la mú­sica. Aunque sus bolsillos se encuentran abultados millonariamente trata de pasar des­apercibido y hacer creer que es un sujeto común y corriente que vive al día contando moneditas y que “trabaja para pagar sus im­puestos” (sic). Demagógicamente intenta pasar por un explotado más del sistema. Un desposeído que quiere rebelarse y resistir al imperio por medio del arte. Al mismo tiempo rechaza la afirmación de ser el Rey Midas del rock latino, ya sabemos el prurito que tienen los progresistas de que se sepa que embol­san dinero. Que “se sepa”, porque de em­bolsarlo no tienen prejuicio alguno así ven­ga del supuesto enemigo.
Francamente, si no fuera que toda esta mascarada burda de la resistencia musical existe, y capta a ejércitos enteros de incau­tos a quienes les corrompe la inteligencia y los anestesia justamente y entre otras co­sas, para evitar que resistan, habría que in­ventarla para morirse de la risa.
En el 2002 la empresa discográfica nominalmente de Santaolalla auspició un concur­so cultural, uno de cuyos capítulos compren­día la música. Dicho evento fue profusamen­te publicitado por la prensa izquierdista y progre como el actual boletín oficial Página 12 (en aquel momento fingiéndose indepen­diente), el suplemento imbecilizante, que para la juventud elabora el diario de la viuda de Noble y otros canales con la inefable Rock and Pop a la cabeza. Se trataba de un su­puesto “Festival de la Resistencia". De allí saldría un conjunto de entre muchos de los inscriptos, que grabaría un CD con el sello SURCO. Además de ganar unos cuantos mi­les de dólares, algo más de 20 mil, aportados por la discográfica transnacional que auspi­cia estas manifestaciones musicales, la Uni­versal Music Group.
El grupo agraciado resultó llamarse La Zurda, podríamos decir un nombre y un destino.


Hacia la libertad por el porro

Para tener una somera idea de cuál es el ideario de los grupos que reciben el apoyo y la promoción de nuestro hombre y por ende de la empresa transnacional discográfica que se mueve detrás, reseñaremos algunas opi­niones vertidas por los personajes que com­ponen La Zurda que luego de ganar se pu­sieron la venda antes de la herida: “Somos una banda under con una compañía multinacional, nada más, nos sigue costando pagar la luz y el agua”, no sea cosa que alguien avive el seso y los identifique con lo que dicen combatir. Además de decir que solo les interesa la Revolución, tratando de justificar o justificarse (mal de muchos con­suelo de tontos) afirmarán: “faloperos somos todos, desde el que toma Coca Cola hasta el que va a Showcenter” como si las dos últimas cosas fueran lo mismo que la mari­huana y la cocaína agregando para rematar: “La política de La Zurda es hacer música desde un punto de vista social, desde el momento en que agarramos un charango y decimos falopero a este mundo, estamos haciendo política”.
Esta mezcla de ideología de izquierdas, jus­tificación y minimización de la drogodependencia, comparándola y asimilándola al gus­to por los caramelos o las bebidas gaseosas es una de las temáticas de la música narco-bolche.
De la misma manera y en una misma can­ción de La Vela Puerca se apelará a la llega­da de una Legión Libertadora contra el impe­rio y al mismo tiempo se dirá a los escuchas “vayan pelando las sedas que la Vela ya llegó”, en una alusión a los papeles para ar­mar cigarrillos de marihuana o porros.
El recurrente tema de la resistencia contra el capitalismo, no es más que una pantalla, una pantalla formada por el mismo hecho de hablar permanentemente de algo que no se lleva a la práctica jamás, algo con lo que se entretiene mientras se hace creer que la dro­ga es rebeldía contra el sistema, cuando es un método más de control social igual que la música que mencionamos.
El imperio sabe de la enorme energía de la juventud de estas latitudes y que en definiti­va muchos de sus integrantes intuyen oscu­ramente la existencia de la Patria como la Tie­rra que hay que defender. Por ello necesitan canalizar esa energía hacia la nada para evi­tar que se torne resistencia real. Eso se logra con este tipo de música para corromper la inteligencia y la conciencia e impedir que los jóvenes resistan. Es la anestesia, el opio para seguir chupándonos la sangre con más tran­quilidad e indefinidamente. De eso se ocu­pan diligentemente estos ejecutivos con as­pecto de hippies, esa es la finalidad de la contracultura diseminada por las empresas transnacionales. Este es el verdadero opio de los pueblos.

Referencia del Director:
(1)           Pertenece a la dinastía Bronfman, propie­taria de la compañía originariamente de bebidas Seagram Co., que a su vez, tiene el control del 80% de MCA. Ésta, a su vez es propietaria de RCA y de Universal Studios. La familia también tiene intereses, entre otras empresas, en Time Warner, Hees International Bancorp, Noranda, John Labalt, y Royal Trustcorp. Su actual presi­dente es Edgar Bronfman Jr., hijo de Edgar Bron­fman, que se desempeña como Presidente del Congreso Judío Mundial y que en tal condición condujo una campaña para obtener una compen­sación de los bancos suizos para las víctimas del Holocausto.

Patria Argentina, Diciembre de 2004.

MÚSICA DE LA TIERRA


lunes, 26 de agosto de 2013

NARCISO YEPES




“La paz de mi alma puede reflejarse en mi música y mi música puede dar paz al alma”.

Narciso Yepes


MÚSICA DE LA TIERRA

SOBRE EL ROCK



“…la música rock apela solamente al deseo sexual…no al amor, no al eros, sino al deseo sexual rudimentario y sin cultivar. Identifica las primeras emanaciones de la emergente sensualidad de los niños, y se dirige a ellas seriamente, estimulándolas y legitimándolas, no como pequeños capullos que sea preciso cuidar esmeradamente para que se conviertan en esplendorosas flores, sino como si fueran ya lo definitivo. El rock da en bandeja de plata a los niños, con toda la autoridad pública de la industria del espectáculo, todo lo que sus padres solían decirles que debían esperar hasta que fuesen mayores y comprendiesen para obtenerlo.

Los jóvenes saben que el rock tiene el ritmo de la cópula sexual. Por eso es que el Bolero de Ravel es la única pieza de música clásica que generalmente conocen y que les gusta. En alianza con algún arte auténtico y con mucho seudoarte, una industria enorme cultiva la afición al estado orgiástico de sensaciones relacionadas con el sexo, suministrando un constante torrente de nuevo material para apetitos voraces. Jamás hubo una forma artística dirigida tan exclusivamente a los niños.

Contribuyendo a la excitación y al compás de la música catártica, las letras de las canciones celebran el amor romántico, así como atracciones polimorfas de diverso tipo, y las fortalecen contra el ridículo y la vergüenza tradicionales. Las palabras describen implícita y explícitamente actos corporales que satisfacen el deseo sexual -y los tratan como su única culminación natural y rutinaria- a niños que aún no tienen la más mínima idea del amor, el matrimonio o la familia. Esto ejerce un efecto mucho más poderoso que la pornografía sobre los jóvenes, que no necesitan ver a otros hacer obscenamente lo que tan fácilmente pueden ellos hacer por sí mismos. El voyeurismo es para viejos pervertidos; las relaciones sexuales activas son para los jóvenes. Todo lo que necesitan es estímulo”.

Allan Bloom: El cierre de la mente moderna, Plaza & Janes Editores S.A., Barcelona 1989, pp.75-76.

Blog Catapulta, 05/01/2008.


A PROPÓSITO DE LA TRAGEDIA DE CARMEN DE PATAGONES

VIOLENCIA ESCOLAR

Por Alcuino Di Ferro

Hace años las secciones periodísticas que infor­maban sobre educa­ción y sobre policiales, en la prensa escrita, se hallaban bien diferenciadas y distantes. Hoy en cambio, se interrelacionan y superponen con alar­mante frecuencia en el contexto de una creciente y grave escalada de “violencia escolar”, la que es ape­nas una muestra de la descomunal violencia física y moral que todo lo abarca en el mundo presente. La educación argentina, como la sociedad toda, acentuó desde ha­ce dos décadas un camino de decadencia para sumergirse, sin pri­sa pero sin pausa, en un abismo que parece no tener fin. Congreso Pedagógico y Ley Federal de Educación mediante, se aceleró un proceso de aniquilamiento de la educación en todos sus niveles. La llamada capacitación perma­nente, a juzgar por sus resultados, más se asemejó a la divisa trotskysta de la revolución permanen­te. Los partícipes necesarios de tal proceso (educadores, educandos, directivos y hasta padres) fueron ganados, conscientes o no y salvo muy contadas excepciones, por una culposa indiferencia para discernir entre lo que está bien y lo que está mal, por una paralizante mediocridad y por una crapulosa impostura. Y al montarse tan pa­tético escenario comenzaron, muy pronto, a representarse en él los infinitos actos de un drama con final previsible.


En un primer acto, se fueron esparciendo en las aulas los mis­mos venenos letales que desde los medios de comunicación y desde los sucesivos gobernantes se dise­minaban a toda la población: de­sorden, desjerarquización, vulgaridad abandono de la sabiduría, mofa de los principios morales y religiosos, igualitarismo perverso, tergiversación de la historia, superabundancia de derechos, inexistencia de deberes, exaltación de las impiedades, complacencia con la marginalidad, la masifica­ción, la idotatría de los malos ejemplos, las perversiones surti­das, la estupidez y la ignorancia asumidas como virtudes, etc., etc., etc. Luego, en un segundo  acto, como en una inevitable se­cuencia, se fueron alterando y ex­tinguiendo los roles básicos e in­sustituibles. La familia fue aban­donando la educación y la ejemplaridad. La escuela ya no forma­ba, ni transmitía conocimientos. La primera y fundamental institu­ción desertó de sus obligaciones, la segunda, por miedo a ser sos­pechada de autoritarismo, omitió sus deberes. En este descalabro se fue desdibujado en las aulas el recto principio de la auctoritas, se extinguieron por fascistas las amonestaciones, se permitió el es­carnecimiento público de los do­centes con anuencia de directivos (sobre todo en las escuelas donde el alumno paga una cuota y se lo considera un cliente), se toleró el muchachismo de tribuna futbole­ra, se multiplicaron las agresiones y las reyertas de educandos con­tra educandos, de educandos (en oportunidades secundados por sus padres) contra educadores, se cometieron actos reñidos con la moral, aparecieron en escena los docentes pederastas o los de in­definidos sexos, hubo contusos, heridos, maestros y alumnos asesinados, y para qué seguir.
Así legamos, el fatídico 28 de septiembre, al tercer acto, cuando en el establecimiento Malvinas Argentinas de Carmen de Patagones un alumno de 15 años vació el cargador de una pistola 9 mm. so­bre la humanidad de sus indefen­sos compañeros de clase, quitán­dole la vida a tres e hiriendo gravemente a otros tantos.
Entre las posibles causales, los medios han apuntado sobre la psiquis enferma del imputado, la situación familiar del mismo, la omisión de las autoridades, la in­fluencia del ominoso rock satáni­co, la violencia instalada en el me­dio social, y otras más, dignas de atención.
Es seguro que hayan interac­tuado todas estas causas, para tronchar tantas vidas jóvenes. Pe­ro no deben soslayarse los actos previos que antes comentábamos. Es sobre este terreno que cabrían algunas preguntas: ¿Qué significado e influencia tenían las lúgubres figuras estampadas en las paredes del establecimiento educativo? ¿Qué se enseña en esa pseudo materia Derechos Humanos? ¿Qué responsabilidad le cabe al docente y a las autoridades que permiten que al alumnado, inmaduro y falto de posibilidades para discernir con tino, se les proyecte en horas de clase el documental Bowling for Columbine, sobre la matanza de 12 alumnos en una escuela de Colorado, USA en 1999, del polémico cineasta Michael Moore, y se le pida que elaboren, acerca del mismo, un trabajo práctico?
Un viejo refrán decía: “La cara torva enmienda al loco” o si se quiere: en un medio apto mucho más difícil será que aparezca un júnior. Si no se vira rápido el timón la familia y la escuela estarán prontas a generar un nuevo júnior o, en su defecto, a algún sénior. Entonces, con mayor frecuencia, las secciones de policiales y educativas de los periódicos tendrán cada vez menos diferencias y no habrá psicólogos y contenedores posibles para evitar una catástrofe.


Revista Cabildo 3ª Época Nº 40, Octubre de 2004.

MÚSICA DE LA TIERRA

jueves, 22 de agosto de 2013

BACH Y PINK FLOYD – y VI




R.P. Bertrand Labouche

BACH y PINK FLOYD

Breve estudio comparativo de la música clásica y la música rock



  


No es raro escuchar alabanzas acerca de las cualidades técnicas de tal o cual músico de “rock”, o las invenciones musicales de tal agrupa­ción.
Son citados, por ejemplo: Pink Floyd, los Beatles, Carlos Santana (guitarrista de “rock” latinoamericano), Emerson (del grupo “E.L. & P.”), Eric Clapton (guitarrista); Ginger Baker (baterista) y algunos otros.

• El disco “The dark side of the moon", de Pink Floyd, fue el fruto de un año de trabajo en un estudio de grabación. Es verdad que es de una más alta dimensión armónica que los “rocks” comunes.
• Los Beatles compusieron melodías agradables y bien acompaña­das ("Let it be”, “Hey Jude”, etc).
• El guitarrista Santana puede hacer de su guitarra aquello que él quiera; es un maestro de la improvisación. Igualmente el guitarrista del grupo “Yes” ejecutó un día, durante un concierto, con una guitarra clásica, una pieza extremadamente difícil.
• Emerson (de formación clásica), es un excelente pianista y orga­nista.

Es cierto que los fanáticos del “rock” no serían tan numerosos si hubiese solamente horrores. Por lo demás, la música actual no podía pasar sin transición del jazz al “hard rock” más decadente, de Louis Armstrong a AC/DC.
La música de los Beatles constituyó una etapa. En cuanto los vir­tuosos del rock, bastante raros, y los compositores que poseen una cien­cia musical más evolucionada, aún más raros, se distinguen todos precisamente porque ellos se alejan algunas veces de la pobreza habitual del rock, pero sin renegar de él. Ellos conservan sus principios fundamentales como la importancia capital del ritmo y el empleo de efectos especiales mencionados más arriba.
Tomemos un ejemplo: “Europa”, una pieza instrumental de Carlos Santana. Después de una suave introducción del tema principal, este guitarrista la desarrolla con talento usando diversas líneas melódicas; después, el ritmo entonces discreto se torna repentinamente dos veces más rápido y de un martilleo más acentuado. Santana se pone a tocar de una manera más agresiva y repetitiva, subiendo poco a poco al agudo mientras distorsiona las cuerdas de su guitarra. En seguida emplea un pedal de distorsión y utiliza cada vez más acordes disonan­tes, para así llegar a una papilla sonora inverosímil. El “rock” ha impuesto su ley de inversión de los elementos de la música.
Además, la inspiración fundamental de toda canción de “rock” está siempre presente y es tanto más influyente sobre el auditorio cuanto es servida por un talento real.
¿De qué se trata? No directamente de música, ciertamente, sino de un elemento indispensable de la música “rock”: la REVOLUCION contra todo orden establecido. Este elemento es el común denomina­dor de todos los rockeros en un sentido amplio.
No considerar a los Beatles más que en un plano puramente musi­cal sería un error. Sus peinados, sus vestimentas, sus canciones sobre el amor libre y la droga se han convertido en el símbolo de toda una generación.
Pink Floyd y todos los grupos de “rock” se mantienen en esa misma línea. La violencia extrema engendrada por los grupos más decadentes musicalmente es también una consecuencia de la inmorali­dad predicada por estos grupos, como también por los más evoluciona­dos musicalmente.
U2, o Pink Floyd, los Beatles o los Rolling Stones, Elvis Presley o Carlos Santana, Janis Joplin o Black Sabbath, todos los grupos de rock, desde los más softs hasta los más hards persiguen un mismo fin, que su música traduce en diversos grados: Destruir el hombre y la sociedad tal y como Dios los ha concebido. No se puede ocultar este elemento.
We don’t need no education: No necesitamos educación, ni con­trol mental, ni obscuros sarcasmos en clase: Maestros, dejen a los jóvenes en paz”: estas frases fueron cantadas por un coro de niños (!) en el disco “The Wall”, de Pink Floyd.(1)

- “El rock es algo más que música; es el centro enérgico de una nueva cultura y de una juventud revolucionaria".(2)
- “El rock ha marcado el inicio de la verdadera revolución”, escri­bió el anarquista Jerry Rubin.
- “El rock es ante todo una actitud, una manera de afrontar la sociedad, que trasciende ritmos y melodías”, afirmó Luis Antonio Mello, director de una estación de radio brasileña.
- “Todo rock es revolucionario” (revista “Time”).
- “La rebelión es la base de nuestra agrupación; los jóvenes nos consideran como héroes porque sus padres nos odian” (Alice Cooper).
- “Lo que nos interesa, es la revolución y el desorden” (Jim Morrison, del grupo “The Doors”).
- “Los Rolling Stones han contribuido tanto para la transformación de las costumbres de su generación que los sociólogos del futuro afir­marán que ellos han confirmado la crítica de sus opositores por su vida de vagabundos destinados a arruinar progresivamente la civilización occidental a través de la droga, la perversión sexual y la violencia”, escribió David Dalton, periodista de “rock”.





La inversión de los elementos musicales en el rock no es una sim­ple idea original; participa del ideal revolucionario. El efecto de tal inversión es sustituir la tranquilidad del orden por el caos, la paz por la insatisfacción, la vida por la muerte, como muestra el anterior esque­ma.




Este segundo esquema muestra que los “pequeños «rocks» llama­dos inofensivos” se sitúan al principio de una pendiente que puede lle­gar muy lejos y que toda simpatía para con estos no es sin un peligro real, al menos el de no progresar espiritualmente. Muchos jóvenes católicos juegan así con el fuego, artesanos inconscientes de su propia perdición. “Quien no avanza, retrocede”. Y el resultado puede ser fatal...
Y hay algunos que piensan que la solución es escuchar o tocar “rock cristiano”...


Basta un poco de sentido común para comprender que el cristia­nismo y el “rock” son incompatibles: el cristianismo es la religión del orden, porque obra con el fin de restaurar todas las cosas en Nuestro Señor Jesucristo. El “rock” es una música desordenada, porque la jerar­quía de los elementos de la música (melodía-armonía-ritmo) está inver­tida. Un “rock cristiano” es una cosa tan contradictoria como un “sofis­ma razonable”.


El cantante y arpista bretón, Alan Stivell, decidió un día electrifi­car su música, dar a los cantos tradicionales de la tierra bretona y de sus antepasados un aspecto más actual, con más ritmo, "más rock”. Sus “fans” se multiplicaron, sus conciertos atrajeron multitudes, su fortuna personal se aumentó considerablemente, en breve, ¡fue un éxito! Sin embargo, los bretones, que bailaban al son de la música de sus padres, despreciaron la nueva música de Stivell: el alma de Bretaña no estaba más ahí. Otra cosa la había reemplazado, un espíritu que no era el de sus antepasados.
El “rock” es una música, porque utiliza elementos musicales, pero es una música enferma, en contrasentido, desequilibrada. Yo no pien­so que se pueda afirmar “el rock, no es ni siquiera música”. Es como un loco, que ha perdido el uso normal de sus facultades, sin perder por lo tanto su naturaleza humana. Y hay grados en la locura, como hay grados en la perversión musical del “rock”.
La bella y verdadera música es más que un conjunto ordenado de sonidos agradables. Su influencia, como la educación, es de orden espiritual, moral (4) y político, mientras que en el “rock” se verifica lo contrario. Aquella ordena las pasiones humanas, sin destruirlas ni exacerbarlas. Socialmente, no conduce a la anarquía, finalidad del “rock”, sino que favorece la paz de la ciudad, como lo expresa muy bien W. T. Walsh (5)
En la España medieval, como en Grecia, se consideraba la músi­ca elemento esencial en toda educación; y no se tenía por persona educada a la que no era capaz de cantar o tocar varios instrumentos. Ruy Sánchez de Arévalo, en su Vergel de príncipes, dirige a Enrique IV la siguiente apología de la música: «La principal excelencia de este noble arte y su digno ejercicio consiste en disponer y dirigir los hombres, no sólo hacia las virtudes morales, sino hacia las virtudes políticas que los hacen aptos para reinar y gobernar: Es por esto por lo que este virtuoso ejercicio debe ser recomendado a los reyes y príncipes”.
El historiador jesuita, Padre Mariana, expresa un pensamiento semejante: “Porque en el canto pueden aprender los príncipes cuán fuerte es la influencia de las leyes, cuán útil el orden en la vida, cuán suave y dulce la moderación del ánimo... No sólo pues ha de cultivar el rey la música para distraer el ánimo, templar la violencia de su carácter y armonizar sus afectos, sino también para que con la música comprenda que el estado feliz de una república consiste en la mode­ración y en la debida proporción y acuerdo de sus partes”.
Estas líneas deberían inspirar a los padres católicos. La música clá­sica debería formar parte de la educación de sus hijos, desde la más temprana edad. Su oído se habituaría a su belleza y rechazaría las elucubraciones sonoras del “rock”.
Muchos jóvenes de hoy sólo escuchan la música moderna porque ellos no tienen una idea de qué es la gran música. Se contentan con aquello que ellos creen ser el único género musical, un género que los degrada.
No vacilen, estimados padres, en poner verdadera música en sus hogares durante los domingos y días de fiestas. Inicien a sus hijos, con la ayuda de un profesor o de un buen método, en un instrumento de música (piano, flauta, guitarra clásica, violín...). Que los educadores en las escuelas primarias enseñen el solfeo, el canto, la flauta dulce a los niños. Un sacerdote, director de una escuela primaria, se puso un día a enseñar el Ave María de Gounod a niños entre 4 y 8 años; al ter­mino del año escolar, lo cantaron completo y con todo su corazón delante de sus padres deslumbrados. Está al alcance de cualquier pro­fesor de canto.
El canto no es cosa fácil; necesita rigor, sensibilidad, dominio de sí y perseverancia, cualidades que precisarán durante toda su vida. Así como para el estudio de un instrumento, su aprendizaje tiene un gran valor educativo.
Un joven, que cursaba el año de humanidades en el Seminario de la Reja, que tiene también un curso de iniciación musical, me confió: “Descubro estas maravillas; es absolutamente necesario que los jóve­nes las conozcan". Desgraciadamente muchos jóvenes parecen llegar a un punto sin regreso: el “rock” ejerce una influencia tal que romper sus cadenas, esto es, sus discos, parece estar por encima de sus fuerzas. ¿Serán irremediablemente insensibles a los más grandes maestros de la música? La oración, la paciencia, las pruebas de la vida les harán poco a poco, esperémoslo, dejar a sus despiadados ídolos. ¡Que Nuestra Señora de Fátima venga en su socorro!
Uno de los efectos de la música, paradójicamente, es el de colocar el alma en el silencio: rechazar las preocupaciones, hacer apagar el alboroto del mundo, y “dar a los hombres una significación espiri­tual”.
Cuando se toca música, no se hablan tonterías, se guarda silen­cio”, recomienda la Sagrada Escritura. (6)
La música rock al contrario, forma parte de esa “conspiración con­tra toda especie de vida interior” (7) que es la vida moderna. Ella mata las almas musicalmente: es su principal perversión.
¿Y si Bach hubiese conocido la música “rock”?... Sin duda él habría afirmado sin rodeos:
El único fin y el único objetivo de toda música no es más que la alabanza de Dios y la recreación del alma. Cuando se pierde esto de vista, no puede haber verdaderamente música, sino solamente ruidos y gritos infernales” (J.S. Bach, 1738). (8)


(1). Estas palabras, quizás, expresan un reproche legítimo: si se trata de la educa­ción moderna, sin principios, sin ideal satisfactorio, ¡comprendemos que no nece­sitan de esta educación y que quieran destruir todo lo que representa esta educa­ción! De hecho, Pink Floyd critica también el “dios-dinero” en su canción “Money”, burlándose de los ricos... ¡pero esta crítica no les impidió recibir los millones de dólares ganados por este éxito! Es una contradicción, ciertamente, pero su crítica de la sociedad actual, materialista, “robotizada” no carece de funda­mentos. Se equivocan sobre las soluciones (anarquía, droga, sensualidad sin freno...).
(2).    Revista “Rolling Stones”. Citada por Alberto Boixadós en “La renovación cristiana del arte", Ed. Areté, pág. 45.
(3).    Roger Waters, letrista y bajista de Pink Floyd afirma sustancialmente en un DVD sobre “The dark side of the moon”: "Mi madre me enseñaba cuando era niño que había una vida después de la muerte; lo creía hasta que entendí que era falso”...
(4). “El hombre que no tiene música en sí mismo y no se queda emocionado por un concierto de suaves acordes es capaz de traiciones, de complots y de rapiñas” (William Shakespeare, “El mercader de Venecia”, V, 1, Lorenzo).
(5). ‘‘Isabel de España”, cap. XXVI, pág. 477.
(6). Eclesiástico, 32, 4.
(7). G. Bernanos.
(8). Citado por Ulrich Michels, op. cit., pág. 101. 46



El autor de la obra, Padre Bertrand Labouche.