martes, 17 de septiembre de 2013

LA CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD


por Guillermo Rojas
(“De Patagones a Cromagnon”)


Uno de los elementos teóricos con que se maneja el Progresismo y con el que ha inundado las cátedras educativas de colegios y universidades es el denominado cons­tructivismo.
Uno de los máximos exponentes de esta teoría es Gregory Bateson, un biólogo y antropólogo vinculado al instituto Esalen, ya mencionado en este trabajo. Este estudioso formaba parte, junto con otros profesores, del denominado Grupo Palo Alto, llamado así por el lugar donde se habían reunido en el estado de California.
La teoría del constructivismo sostiene que no existe una realidad independiente y anterior al proceso psicológico del hombre que conoce. Uno de sus presupuestos básicos es que cuanto sabemos y creemos es fruto del lenguaje con que comprendemos y transmitimos nuestras percepciones y que, sobre una misma realidad, pueden darse diferentes puntos de vista, todos ellos igualmente válidos.
Al hablar, vamos creando la realidad junto con nuestros interlocutores. En pocas palabras, la realidad no existe en tanto no haya alguien que conozca esa realidad y la pueda describir mediante el lenguaje, el discurso, transmitiéndola. O sea, no existe la realidad, tampoco existe la Verdad, pues sobre una misma cosa pueden darse varios discursos, todos ellos válidos.
En un texto constructivista puede leerse lo siguiente:

“Los americanos cuentan que un día se reunieron tres árbitros de béisbol y empezaron a hablar sobre su trabajo. Uno de ellos decía: 'Hay jugadas de éxito y jugadas fallidas, y yo determino lo que es cada cual'. Otro decía: Hay, efectivamente, jugadas de triunfo y de fracaso, y yo sanciono lo que veo que son'. Mientras el tercero apuntó: 'No existen jugadas de éxito o fracaso, en tanto que yo no las haya sancionado como tales'. Evidentemente, el primero que habló pretendía ser objetivo, creía que hay una realidad independiente de su proceso psicológico perceptivo y anterior al mismo. Los otros dos eran constructivistas, el segundo más radical que el primero.”

En efecto, el primero es realista existen jugadas de éxito o fracaso y yo señalo cuáles son: existe la realidad y yo la conozco y la señalo. El segundo: hay jugadas de éxito y de fracaso. Yo sanciono lo que veo que son. Existe la realidad y yo tengo un punto de vista sobre ella, opino sobre la misma. El tercero: no existen jugadas de éxito o de fracaso en tanto yo no las haya sancionado como tales: la realidad no existe. Yo determino cuál es la realidad y la construyo.
Como veremos más adelante, esta manera de pensar es de importancia capital en lo que hace al presente trabajo. Será un lugar común después, tanto en la subcultura rock como en el progresismo, hablar de construirse diferentes realidades mediante diversos métodos. En esos métodos no estarán ausentes las drogas psicodélicas.


Bateson llegó a realizar experimentación con narcóticos posiblemente como parte de un plan sistemático de los servicios de inteligencia norteamericanos. Este personaje, su mujer y varios miembros del Instituto Esalen habían trabajado, al igual que los miembros del Instituto, para la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) del gobierno americano, la antecesora de la CIA. La cual trataba de experimentar con esas drogas con fines políticos de control social. Como veremos más adelante, sería el puntapié inicial en la masificación del consumo de narcóticos en EE.UU. y, finalmente, a nivel mundial ayudada entre otros medios por la cultura rock.
Gregory Bateson trabajó como antropólogo para la OSS. Condujo luego una clínica experimental de drogas alucinógenas en el hospital de veteranos de guerra de Palo Alto, de donde salieron los primeros ideólogos del "hippismo”. A finales de los años sesenta Bateson fundó la “Clínica Libre” en la que siguió experimentando con drogas. Al personal de la clínica de Bateson pertenecía, por ejemplo, el doctor Ernest Demberg, oficial de la inteligencia militar, posiblemente asignado al proyecto sobre alucinógenos Mk-Ultra, con el que nos volveremos a encontrar más adelante.
A mediados de los sesenta, la CIA y la inteligencia británica decidieron poner en marcha sus planes para controlar la revolución juvenil. Se promocionó desde medios afines la música rock; se aprovechó la “infraestructura ocultista” creada por Aldous Huxley en California, al mismo tiempo que se publicitaba a todo tipo de sectas como los Hare Krishna o el Templo del Pueblo. Otras referencias de la actuación de los constructivistas para los planes de Inteligencia yanqui lo podemos encontrar en el trabajo de Michel Minniccino llamado “El nuevo Oscurantismo: la Escuela de Frankfurt y la Pureza Política”:

“En 1942 la Oficina de Servicios Estratégicos, la unidad de espionaje y operaciones clandestinas de los EE.UU... le pidió a James Baxter, rector de la Universidad de Harvard, organizar la rama de investigación y análisis dentro de la división de inteligencia de la OSS. Para 1944, dicha rama había reunido tal número de celebridades de entre los académicos de la emigración que H. Stuart Huges, recién doctorado por entonces, comentó que trabajar allí era como estudiar otra carrera universitaria a costa del gobierno... Otros empleados de la rama Investigación y Análisis eran... Gregory Bateson, marido de la antropóloga Margaret Mead (quien escribía para la revista de la Escuela de Frankfurt) y Arthur Schlesinger el historiador que se incorporó al gobierno de Kennedy”.

Esto ocurría en EE.UU. en los años ‘50 y ‘60, cuando se buscaban por todos los medios otras realidades, con los auspicios de los planes de Inteligencia norteamericana. Lo cierto es que, hoy en día, en nuestro país se educa a miles de personas diciéndoles que la realidad no existe y que cada uno puede construirse una realidad y una identidad propia e ir variándola con el discurso. Lo mismo sucede con la historia en la cual se muestran ciertos hechos y se silencia otros.
Así nos dicen los constructivistas que puesto que no hay un criterio válido para discernir si una teoría es verdadera o falsa, hay que refrendar aquellos planteamientos que sean útiles, coherentes con su contexto, y no excluyentes del cambio.


Dada la absoluta ambigüedad de los términos que se emplean sería interesante saber para qué y de qué cambio se está hablando. De allí lo fácilmente manipulables de todas estas teorías donde no existe ni lo verdadero ni lo falso, donde todas las opiniones sobre algo son igualmente válidas, donde todo navega en una subjetividad radical.
No nos olvidemos que desde que el sistema actualmente vigente se encaramara, gobernando la Argentina, se vive hablando de construir la memoria y la historia. En ello no son ajenas las teorías de Bateson y compañía mechadas con las de Benjamin con referencia a los hechos históricos, especialmente “Tesis sobre la Filosofía de la Historia”, que Benjamin tituló solamente “Sobre el concepto de historia”, en lo atinente al repudio de la historia como sucesión de hechos realmente ocurridos y cronológicamente ordenados. Para Benjamin articular históricamente el pasado no significa conocerlo ‘como verdaderamente ha sido’ (tesis VI). Este autor sostiene que con el relato de la historia cronológicamente ordenado según el criterio tradicional lo que se pierde es el “principio constructivo” (tesis XVII) que, necesariamente, es el único que permite “articular históricamente el pasado” (tesis VI). Benjamin propone una recuperación selectiva de solo ciertos hechos, sucesos y procesos, definida justamente desde el establecimiento de ese “principio constructivo”, el único que, en cada caso, permite descifrar y dar sentido al complejo rompecabezas del momento o del problema histórico específico que investigamos. Se construirá la Historia en base a ciertos hechos (reales o no) que el historiador-ideólogo considere importantes.