martes, 10 de septiembre de 2013

EL MIMETISMO DEL ROCK



por Carlos A. Manfroni


Casi diariamente los medios de comunicación masiva co­mentan (y fomentan) los grandes recitales de rock que se orga­nizan en nuestro país arrastrando a los estadios que les sirven de escena­rio a miles y miles de jóvenes, a simi­litud de lo que ocurre en la mayor parte de los países de occidente; las letras de las canciones progresivas son publicadas, y los adolescentes las entonan en sus casas, colegios, bares, clubes y reuniones parroquiales; los discos y “cassettes" de rock superan día a día los más altos niveles de ven­ta, y las radioemisoras los transmiten en todos los horarios. A veces puede observarse a algunos jóvenes que ca­minan por las calles de Buenos Aires con auriculares colocados y unidos por un negro cordón umbilical a un pequeño reproductor de sonido que les martillea y martillea en los oídos el rítmico mensaje; sus cabezas se mueven como afectadas por un extraño "Parkinson"; sus ojos ab­sortos en la nada, la mirada no existe, el mundo tampoco, sólo el rock y el "yo", o —tal vez— sólo el rock. Y en­tonces nos asalta la sensación de ha­bernos sumergido en una novela de Ray Bradbury. Pero, sin embargo, es la realidad; una realidad que pocos ven.
Algunas personas adultas protestan por los pelos largos, por el ruido o por la vestimenta de los "rockeros'. Otros se limitan a decir que es simplemente una moda que ya pasará, co­mo el tango o el jazz. Casi nadie dice nada de fondo sobre el rock.
¿Qué es lo que está ocurriendo pa­ra que permanezcan ocultas —a pe­sar de su vociferante evidencia— le naturaleza y magnitud del movimien­to "artístico" más subversivo, an­ticristiano, antimetafísico y contracultural de todos los tiempos?
¿Qué sucede para que no se advierta la trascendencia de este fenómeno detrás del cual se encolumnan monstruosos capitales?
Las respuestas son varias. Debe señalarse, ante todo, que esto demuestra la escasa trascendencia que en nuestros tiempos se atribuye a las cosas importantes; particularmente en este caso: a la juventud y a la influencia del arte en el espíritu.
Quien conociera a los jóvenes de hoy, sabría hasta qué punto muchos de ellos se encuentran atrapados por la música progresiva, poseídos por su ritmo, condicionados por sus letras; de qué manera sus autores e intérpre­tes son venerados como sacerdotes de su infausta mística.
Quien supiera algo —aunque fuera por propia experiencia— acerca de la influencia del arte sobre el espíritu humano, sabría también —como dice Boixadós en un estupendo trabajo que citaremos muchas veces a lo lar­go, de estas notas— "...que el arte conlleva un gran poder de con­versión. Conversión que, a través del arte, ilumina el terreno políti­co o religioso". (Boixadós Alberto; "Arte y Subversión"; Areté; Bs.As. 1977, pág.22).
Pero la razón de fondo de la actual impunidad moral del rock frente a la opinión pública es su mimetismo.
La sociedad actual no distingue al rock como a su enemigo, porque éste se encuentra mimetizado en ella.
No advierte que es subversivo, porque ella misma ha perdido la no­ción del Orden Verdadero.
No repara en que es materialista, porque ella misma se ha vuelto materialista.
No lo acusa de anticristiano, porque ella misma está volviendo la espalda el Cristianismo.
No vislumbra su antimetafísica, porque ella misma se burla de lo Sagrado.
No rechaza su antiestética, porque ella misma ha extraviado el sentido de la Belleza.
No ve en él a la contracultura, porque ella misma ha abandonado su propia cultura.
En una palabra: no siente que car­come sus esencias, porque ella mis­ma ignora sus esencias.
Al igual que ciertos animales que se mimetizan con la corteza de las plan­tas para sorber la vida que aún tienen por dentro, así el rock se mimetiza con la parte seca de la comunidad, no para lograr su rejuvenecimiento, sino para destruir la vida que existe en su interior. Si el rock siembra escepticis­mo en una comunidad, es porque su juventud ha perdido el sentido de su Juventud. El ataque contra el rock de­be importar un reverdecer desde adentro: la defensa de la Fe, la Juven­tud y la Vida, contra la náusea, la podredumbre y la Muerte.

Revista Cabildo 2ª Epoca Nº 61 - Febrero de 1983.