lunes, 11 de abril de 2016

EL ORIGEN DE LA CONTRACULTURA EN LA ARGENTINA



Max Horkheimer (izquierda) y Teodoro Adorno (derecha).



Por Jorge Ortiguera
Patria Argentina N°262, Diciembre de 2009


Algunos teóricos del tema afirman que la contracultura actualmente vigente proviene de Europa. La degradación cultural que padecemos, la guerra contra el sentido común, el auge del marginalismo, la eclosión de los marginales como nuevos agentes del "cambio social", serian elementos propios de la socialdemocracia floreciente en el viejo mundo.

Si bien puede decirse que esto tiene una parte de verdad, no la tiene toda. Los EEUU han sido una importante fuente y ayuda al fenómeno de degradación cultural que padecemos especialmente nosotros. Y ha aprovechado de mil maneras de la misma tanto política como económicamente.

La legalización de la droga, la equiparación del matrimonio con la unión de dos degenerados del mismo sexo, la tolerancia con la delincuencia y el crimen (abolicionismo penal), la promiscuidad sexual, el pacifismo suicida, el antipatriotismo militante y el odio a la religión, entre otras cosas, fueron el emblema de la llamada Escuela neomarxista de Frankfurt, que si bien nació en Alemania tuvo su más importante oportunidad de desarrollo y triunfo en los EEUU, donde sus maximos exponentes, perseguidos por el nazismo, fueron acogidos y premiados con cátedras universitarias y subsidios de las más importantes fundaciones libres de impuestos como la Ford o la Rockefeller entre otras menos importantes.

Sí, las mismas fundaciones que hoy subvencionan a importantes instituciones argentinas e incluso planes del Estado con referencia a los Derechos Humanos, la Defensa Nacional, la promoción del aborto o la Justicia y la Seguridad Interior en clave progre. Algunos dinosaurios confunden la acción de estas organizaciones seudofilantrópicas transnacionales yanquis con el enemigo comunista. ¿Cosas de un discurso desactualizado o simplemente deseo de desinformar? Con más precisión se podría decir que son terminales de la Inteligencia norteamericana y que manejan dinero de ese origen, que canalizan proyectos de importancia para las políticas y estrategias del Poder Mundial.


Los teóricos de Frankfurt, con la excusa de la teoría crítica de la sociedad, fueron los inventores de lo que hoy conocemos como progresismo o izquierda cultural. Cautivaron a los estudiantes norteamericanos de la década de los 60, fogonearon la cultura psicodélica (la droga), el derrotismo y la guerra a la guerra de Vietnam e hicieron no pocos aportes para que surgiera la subcultura del “rock”. Teodoro Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcuse, son los pensadores base, donde descansa la cultura hegemónica en la actualidad y especialmente nuestra cultura oficial: la cultura progresista argentina.

Lo que pocos saben es que estos personajes que intentaron la revolución desde la destrucción y disolución de la sociedad, formaron parte de los servicios de inteligencia norteamericanos o trabajaron a sueldo del Departamento de Estado del supuesto “occidente cristiano”.

Por sorprendente que esto parezca es la absoluta y cruda realidad, los principales propagadores marxistas de la destrucción de la cultura, resultaron viejos conocidos y empleados de la CIA y del Departamento de Estado, que junto con "prestigiosas universidades" y fundaciones norteamericanas (vinculadas a empresas multinacionales) les habían matado el hambre durante años y dejado hacer y deshacer desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Por pura coincidencia, la casi totalidad de estos personajes eran judíos y en su gran mayoría sionistas. Son los teorizadores de lo que alguna vez se llamó contracultura y hoy, mal que les pese a sus seguidores, es el discurso dominante en la materia. Se dedicaban a esto mucho antes de que Gramsci estuviera en la cárcel y de que se conocieran sus famosos “cuadernos”.

Actualmente la cultura que "disfrutamos" en Argentina es fruto de la "dialéctica negativa" y del "eros marcuciano" y es introducida y financiada por instituciones yanquis y europeas libres de impuestos. Esa es la absoluta verdad, no lo decimos porque somos antinorteamericanos al pepe, sino porque además es aceptado hasta por las mismas instituciones que fogonean la bazofia cultural agobiante que vemos y sufrimos a diario.

Es así de simple, por increíble que parezca. El progresismo argentino tiene la marca en el orillo que dice: made in USA.


LA ESCUELA DE FRANKFURT

"... la Escuela de Frankfurt y sus teorías fueron aceptadas oficialmente por el gobierno de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, y de que estos cominternistas fueron los responsables de determinar quiénes eran los enemigos de América durante la guerra y después de ella.

En 1942, la Oficina de Servicios Estratégicos [OSE], la apresuradamente conformada unidad americana de espionaje y operaciones encubiertas, solicitó al por entonces ex-presidente de Harvard, James Baxter, que conformase una Delegación de Investigación y Análisis (I&A) bajo el grupo de la División de Inteligencia.

Para 1944, la Delegación de I&A había recolectado un grupo tan cuantioso y prestigioso de estudiosos emigrados, que H. Stuart Hughes, por entonces un novel doctor, dijo que trabajar para ella era como “un segundo doctorado” cursado a costas del gobierno.

La Sección Centro-Europea estaba encabezada por el historiador Carl Schorske; debajo de éste, en la importantísima Sección Alemana/Austríaca, estaba Franz Neumann, como jefe de sector, junto a Herbert Marcuse, Paul Baran y Otto Kirchheimer, todos ellos veteranos del Instituto para la Investigación Social.

Leo Lowenthal encabezaba la sección de lengua alemana de la Oficina de Información de Guerra;

Sophie Marcuse, esposa de Marcuse, trabajaba en la Oficina de Inteligencia Naval.

En la Delegación de I&A se encontraban también: Siegfried Kracauer, el otrora tutor de Adorno en la filosofía de Kant y por entonces teórico del cine; Norman O. Brown, quien se haría famoso en los ’60 al combinar la teoría del hedonismo de Marcuse con la terapia orgánica de Wilhelm Reich y por popularizar la “perversidad polimorfa”; Barrington Moore Jr., posteriormente un profesor de filosofía que escribiría un libro en co-autoría con Marcuse; Gregory Bateson, marido de la antropóloga Margaret Mead (la cual escribía para la revista de la Escuela de Frankfurt) y Arthur Schlesinger, el historiador que se unió a la Administración Kennedy.

La primera misión de Marcuse fue la de encabezar un equipo para la identificación tanto de aquellos que serían juzgados como criminales de guerra luego de la guerra, como de quienes eran potenciales líderes de la Alemania de la posguerra. En 1944, Marcuse, Newmann y Kirchheimer escribieron la Guía de Desnazificación, la cual luego fue entregada a oficiales de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos que ocuparon Alemania, como una ayuda para identificar y suprimir conductas pro-nazi. Luego del armisticio, la Delegación de I&A envió representantes para trabajar como contactos de inteligencia con los diversos poderes ocupantes; Marcuse fue asignado a la zona de los Estados Unidos, Kirchheimer a la francesa y Barrington Moore a la soviética.

En el verano de 1945, Newmann se fue para convertirse en jefe de investigaciones del tribunal de Nuremberg. Marcuse permaneció dentro y en los contornos de la inteligencia de los Estados Unidos hasta comienzos de los años ’50, escalando hasta llegar a ser jefe de la División Centro-Europea de la Oficina de Investigación de Inteligencia del Departamento de Estado, un puesto en el que se encargaba formalmente del “planeamiento e implementación de un programa de investigación de inteligencia positiva… para reconocer las necesidades de la Agencia Central de Inteligencia [CIA] y de otras agencias autorizadas”.

Durante su ejercicio como oficial del gobierno de los Estados Unidos, Marcuse apoyó la división de Alemania en una parte oriental y en otra occidental, señalando que esto evitaría una alianza entre los partidos de izquierda recientemente liberados y los más antiguos, de un estrato comercial e industrial conservador. En 1949, produjo un informe de 532 páginas, “Los Potenciales de un Comunismo Mundial” (desclasificado recién en 1978), el cual sugería que el Plan Marshall para la estabilización económica de Europa limitaría a niveles aceptables el potencial reclutamiento por parte de los partidos comunistas de Europa Occidental, propiciando un período de co-existencia hostil con la Unión Soviética, signado por la confrontación solamente en lugares lejanos tales como Latinoamérica e Indochina; en términos generales, un pronóstico sorprendentemente preciso.

Marcuse abandonó el Departamento de Estado con un subsidio de la Fundación Rockefeller para trabajar con los varios departamentos de Estudios Soviéticos que fueron montados en muchas de las principales universidades de América luego de la guerra, en gran medida por veteranos de la Delegación de I&A. Al mismo tiempo, Max Horkheimer estaba haciendo un daño aún mayor. Como parte de la desnazificación de Alemania sugerida por la Delegación de I&A, el Alto Comisionado para Alemania, John McCloy, utilizando fondos discrecionales personales, llevó a Horkheimer de vuelta a Alemania para que reformase el sistema universitario germano. De hecho, McCloy solicitó al presidente Truman y al Congreso que aprobaran una ley de subsidios para Horkheimer, el cual había devenido en ciudadano americano naturalizado, con doble ciudadanía; así, por un breve período, Horkheimer fue la única persona en el mundo en contar al mismo tiempo con una ciudadanía alemana y una americana.

En Alemania, Horkheimer comenzó el trabajo arduo en pos del explosivo revival de la Escuela de Frankfurt en aquella nación a finales de los ’50, incluido el entrenamiento de toda una nueva generación de estudiosos anti-Occidente, tales como Hans-Georg Gadamer y Jürgen Habermas, quienes tendrían en los ’60 una enorme influencia destructiva en Alemania. En un período de la historia americana durante el cual algunos individuos eran perseguidos, despedidos de sus empleos y conducidos al suicidio debido al más leve aroma de izquierdismo, los veteranos de la Escuela de Frankfurt -todos ellos con soberbias credenciales de la Comintern- llevaban lo que sólo podría llamarse vidas encantadoras. América había conferido, hasta un extremo increíble, el poder de determinar quiénes eran los enemigos de la nación a los mismísimos y peores enemigos de la misma."(*)



(*) “La Nueva Era Oscurantista: La Escuela de Frankfurt y la Corrección Política”, de Michael Minnicino. http://laescrituraenlapared.blogspot.com/search/label/Escuela%20de%20Frankfurt