lunes, 18 de abril de 2016

COSTA SALGUERO: CROMAGNON EN CONTINUADO




La corrupción cultural sigue intacta. El mismo espíritu deletéreo de todo orden moral, de toda estética sigue a la orden del día. En lo sustancial, en lo importante que afecta el rumbo de la vida social en la Argentina, no hay cambio ninguno para bien sino perfecta continuidad en la decadencia a pesar de los cambios de gobierno. Es decir, sigue activa la promoción del libertinaje y de la corrupción sistemática de la moral, de las buenas costumbres y del buen gusto, como se acostumbraba decir antes.

Algunos periodistas y algunos políticos dicen que la corrupción mata. Piensan acotadamente, conforme al libreto liberal/socialdemócrata, en la corrupción que comporta una defraudación al erario público por parte de los políticos y de los funcionarios que los sirven en coyunda con el poder económico-financiero (aunque para ser francos, del poder financiero, es decir, de los bancos y de la usura legitimada que les es aneja poco o nada se dice). En una palabra, se practica un astuto e interesado reduccionismo del hecho de la corrupción, porque de la corrupción cultural que sirve de base a toda corrupción nada se dice —no es politicamente correcto—. Por ejemplo, los politicos se rasgan las vestiduras hablando de la droga y del narcotráfico pero nada dicen del ambiente que la propicia y la facilita desde la industria cultural a fin de crearle un mercado: sea promoviendo desde el hedonismo a la lujuria, desde el desenfreno a la pornografía enlatada; desde el vacío espiritual a las falsas metas; desde la anulación del pensamiento crítico de la programación mediática a la cruda marginalidad de un futuro yermo de toda perspectiva de empleo y vocación.




Salvando la diferencia de magnitud respecto de la tragedia de Cromagnon, en la tragedia de Costa Salguero (la muerte de cinco jóvenes y otros tantos en estado grave) a consecuencia del consumo de drogas sintéticas en la seudo fiesta electrónica Time Warp ocurrida este fin de semana, se repite el patrón responsabilidad política de aquella.


Ayer los responsables fueron Ibarra/Kirchner, sus funcionarios, el degenerado Chabán y Callejeros. Hoy Rodríguez Larreta/Macri, sus funcionarios y la mega empresa criminal de los organizadores cuyos rostros no se conocen, incluidos los disc-jockeys que oficiaron de patéticos sacerdotes/brujos de esa misa negra satánica que mal llamaron fiesta.

Todos con análoga responsabilidad, desprecio a la vida, e indudable codicia y complicidad tras el dinero fácil. Preguntamos: ¿Acaso no sabían perfectamente de qué se tratan estos ominosos encierros de alienación y manipulación colectiva planificada, en esos inmensos salones a oscuras, atravesados de rayos laser y pantallas alucinógenas al ritmos de sonidos convulsos que mueven a la disolución de la propia identidad en el magna de una multitud desenfrenada por el frenesí enajenante del mantra electrónico, la agitación jadeante de saltos y meneos orgásmicos, potenciados por la oferta abundante de la droga- éxtasis, superman o como se la llame?

Si ellos, los políticos y sus funcionarios ocupan el primer anillo de la responsabilidad en la tragedia, le siguen los gerentes y operadores de la industria cultural revolucionaria que con la promesa de una falsa liberación de todo orden apuntala el control y la manipulación de los primeros. Juntos, democráticamente, van corrompiendo a la juventud y destruyendo la Patria. ¿Se atreverán los fiscales y jueces a cumplir con su misión? ¿Y las instituciones representativas de la sociedad, empezando por la Iglesia, a reclamar justicia?

Otro sí digo, el 31 de diciembre de 2015 el hijo de un matrimonio norteamericano que pasaba unos días de vacaciones en Mar del Plata después de salir de un boliche, regresó a su casa a la 3 de la mañana con ganas de volar. Se paró en la baranda del balcón de su departamento en un quinto piso y se estrelló sobre la vereda. La noticia no apareció en los diarios. Nadie habló. Nadie investigó nada. Sólo, si acaso, se ve la punta del iceberg.

L.A.P.

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