domingo, 22 de junio de 2014

FRANCISCO Y EL TANGO


“BAILATE UN TANGO, FRANCISCO”





“11III 68. Escuché un tango de Juan D'Arienzo llamado "Bailáte un tan­go Ricardo” dedicado a Ricardo Güiraldes por un libretista nombre fran­cés que no pesqué; y era un prodigio de fealdad. Lo mismo que la belleza extrema lo saca a uno de sí mismo, así la fealdad extrema; y así yo me sentía en un país desolado y muerto, mis allá de la luna y maldito de Dios, que era la República Argenti­na.
Mambrú me miró impávido y me preguntó si quería me repitiese el disco. Creo lo hizo adrede. Lo mismo me pasa cuando leo libritos de "poe­mas" sin metro, ritmo ni rima ni sentido, que el diablo hace escribir a algunos barbilindos para hacerles perder el tiempo y después el alma, si a mano viene; sobre todo si les dan premios en dineros municipales y nacionales, cosa que viene del diablo también. Yo no sé  si se compadece el amor al prójimo con el odio a la necedad.
Lo arreglan pronto diciéndonos de­bemos abstraer de las personas y odiar la necedad en sí. ¡Al demonio con eso! No se puede.
¿Y qué culpa tengo yo si Dios me hace vivir en este tango continuo que es ahora la República del Argen­to? Uno su patria no la elige. A ve­ces dan ganas de no vivir más, o sea pasarla durmiendo. Santa Teresa de­cía tenía ganas de morir al ver cuan­tas almas se perdían “de herejes y moros", y también de cristianos, “a osadas". Yo tengo ganas de morir o poco menos al ver tantos cuitados encenagados en el pestilencial panta­no que llaman "el arte”; que se les llenan las bocas y hacen mil disqui­siciones con eso que nunca han visto de cerca.
Corromper y ser corrompido, a eso llaman Arte. Y para esa labor de corrupción cuentan a veces con pre­mios del Estado. Qué mundo, qué mundo”.

Padre Castellani. Periscopio, Revista Jauja, Abril 1968.



Un tango para Francisco...presentado en un monasterio(¡¡!!)

“¿Le agrada el tango? Muchísimo. Es algo que me sale de adentro. Creo conocer bastante de sus dos etapas. De la primera, mis preferidos son la orquesta de D’Arienzo y, como cantantes, Carlos Gardel, Julio Sosa y Ada Falcón, que después se convirtió en monja. A Azucena Maizani le di la extremaunción. La conocía, porque éramos vecinos, y cuando me enteré de que estaba internada, fui a verla (...). De la segunda etapa, admiro mucho a Astor Piazzola y a Amelita Baltar, que es la que mejor canta sus obras. ¿Sabe bailarlo? “Sí. Lo bailé de joven, aunque prefería la milonga”.

Cardenal Jorge Bergoglio, hoy papa Francisco.




El tango desde sus comienzos como baile lascivo y prostibulario, fue condenado por la Iglesia Católica. Comprendiendo su carácter inmoral y sensual y los escándalos que de inmediato provocó a su llegada a una Europa que ya empezaba a desmoralizarse aceleradamente, obispos, cardenales e incluso el papa San Pío X se pronunciaron contra este baile, que especialmente en sus comienzos era acompañado por una letra acorde a tales bajezas que arrastraba desde su origen. Incluso los emperadores de Austria-Hungría y Alemania prohibieron a sus soldados bailarlo cuando vestían uniforme.  



La novia de Bergoglio dice que sus padres se opusieron a su noviazgo, pero no dice por qué. Si Jorge era católico y de buena familia, ¿cuál sería el inconveniente? ¿O acaso el problema era que Jorge andaba de milonga en milonga?


El cardenal Vicario General de  Roma Basilio Pompili emitió una carta pastoral en 1914 donde decía: “El tango, que ya ha sido condenado por  obispos ilustres y está prohibido incluso en los países protestantes, debe ser absolutamente prohibido en la sede del Romano Pontífice,  centro de la religión católica.” Exhortó a los clérigos para elevar sus voces “para defender la santidad de las costumbres cristianas contra el peligro amenazante y abrumador de la  inmoralidad del nuevo paganismo“. El cardenal Aristide Cavallari,  Patriarca de Venecia, también condenó el tango: “Es lo peor que se puede imaginar. Es repugnante y asqueroso. Sólo las personas que han perdido todo sentido moral pueden soportarlo. Es la vergüenza de nuestros días. Quien persiste en bailarlo  comete pecado “. El cardenal ordenó a todos los eclesiásticos negar la absolución a los que bailan el tango y no prometen que dejarán de practicarlo”.  Monseñor Duchesne, muy irónicamente, se preguntaba sobre el tango: “¿Por qué se baila de pie?”.
También "con sabio consejo, la autoridad eclesiástica deplora la depravación de las costumbres en Roma, no sólo por la reciente introducción de danzas nuevas venidas -dicen- de la Argentina que allí, por informaciones recibidas, son justamente incriminadas y constituyen las delicias sólo de los bajísimos fondos de la sociedad, sino por tantas otras formas de indecente licencia (...) Y esto lo digo para que no se piense que, absteniéndose del famoso Tango, pueda creer alguien que sea lícito mezclarse en todos los demás bailes." (L'Osservatore Romano, 17-11-1914)
Y en Francia, “el 11 de enero de 1914 Monseigneur Léon-Adolphe Amette, el principal obispo de Francia, publicó una carta pastoral al respecto, donde recuerda a sus ovejas la necesidad de "salvaguardar las reglas del pudor cristiano". Calificaba allí a "esa danza de origen extranjero denominada tango" de "licenciosa por naturaleza y nociva para la moral", y exigía a los sacerdotes expresamente que tuvieran esto especialmente en cuenta cuando tomaran la confesión” (The Times, 10 de enero de 1914).



Hay en internet una versión sobre la posición de la Iglesia frente al tango, que dice lo siguiente:
Gobello relata, al igual que Salas, que los obispos franceses fustigaron severamente al tango cuando este hizo irrupción en París. Y al igual que los escritores argentinos Lugones, Larreta e Ibarguren, los obispos consideraban al tango un baile lascivo y obsceno. Ahora coincidiendo con el relato de Salas para 1914 algunos jóvenes romanos habían comentado con el cardenal Merry del Val, que les habría gustado bailar el tango pero no lo hacían porque los obispos enseñaban que era pecado (aquí no hay referencia al decreto del Ministerio de Guerra Italiano).
Del Val le comentó al Papa y este sintió deseos de ver bailar un tango para formarse una opinión. La presentación estuvo a cargo de dos jóvenes de la aristocracia romana (hermano y hermana) que bailaron frente al papa algo parecido al tango; pues era una danza purificada por un famoso maestro de baile romano, el profesor Pichetti. Al Papa le pareció que el tango era aburrido y aconsejó a los jóvenes bailar la furlana. Pío X nunca se pronunció en contra del tango y, sostiene Gobello, que aquella letrilla, para él inventada en España y no en Buenos Aires, y que decía: -“Dicen que el tango es una gran languidez / Y que por eso lo prohibió Pío Diez…” es mentirosa.
A pesar de que el comentario de Pío X solo hizo referencia a lo aburrido que le pareció bailar tango, la mala fama del tango persistió en Europa. Tanto que diez años después, otro papa, Pío XI (1922.1939), quiso tener su propia experiencia. Y aquí aparece otra vez el embajador argentino Daniel García Mansilla (como también cita Pinzón) quien fue el encargado de presentar a la pareja de baile al Papa. García Mansilla ya era embajador ante el Vaticano en 1914 pero no había participado en aquella presentación ante Pío X.
Hechos los arreglos correspondientes el 1· de febrero de 1924, a las 9 de la mañana, ingresó Casimiro Aín en la Sala del Trono acompañado por la señorita Scotto, que sería su compañera de baile y que ya no era bibliotecaria como en el relato de Pinzón sino traductora de la embajada Argentina. La pareja bailó el tango Ave María, cuyo título no hace referencia a la Virgen sino que se refiere a la interjección castellana de Ave María que denota asombro o extrañeza.
Hacia el final del baile Aín improvisó una figura que colocó a la pareja de rodillas frente al Papa. Luego Pío XI se retiró de la sala sin hacer ningún comentario.
Texto del comunicado de la Junta de Historia Eclesiástica dependiente del Episcopado Argentino, con relación al juicio que el tango merecía de la iglesia firmado por su presidente Guillermo Gallardo y su secretario Fray José Brunet, cursado a la Academia Porteña de Lunfardo el 3 de noviembre de 1967:
“Tenemos el agrado de dirigirnos al señor Presidente de la Academia Porteña de Lunfardo y, en respuesta a la solicitud dirigida a la Junta Histórica Eclesiástica Argentina con fecha de 2 de octubre, sobre si existió una prohibición eclesiástica formal del tango, o si la Santa Sede o la autoridad eclesiástica local condenó ese baile y que carácter revistió la condena, en caso de haber existido, le manifestamos no tener conocimiento de prohibición expresa alguna sobre el particular ya que, bajo el aspecto moral, tanto éste como los de su género se hallan comprendidos en los principios general de la moral”. FUENTE 
Podrá observarse que el comunicado del Episcopado Argentino data de avanzados los años ’60, ya iniciada la revolución conciliar y en pleno auge del rock and roll. Es comprensible semejante postura, que hoy ha llevado a estos lodos en que no sólo se hacen “Misa-Tango” sino que se baila y canta rock dentro de iglesias o por parte de “religiosos”. Aquella flojera moral (y estética) trajo estas consecuencias.



Con respecto a lo narrado respecto a San Pío X, parece no ser más que una leyenda: “Es común escuchar entre tangueros un episodio que involucra al Papa Pío X. Aquel que protagonizó el bailarín Casimiro Aín quien, estando en Roma, consiguió una entrevista con el Papa para demostrarle que la danza del tango no tenía nada de pecaminoso. Se dice que para la ocasión, dejó a un lado a su compañera Peggy (cuya figura no era apropiada) y fue acompañado por una empleada del Vaticano de apellido Scotto (que curiosamente sabía bailarlo) y con el acompañamiento de un clave tocado por un colaborador del Santo Padre, danzaron sin cortes ni quebradas, un tema de Francisco Canaro.
Años atrás el musicólogo Enrique Cámara de Landa, a nuestra solicitud, y aprovechando que estaba realizando un trabajo en la hemeroteca del Vaticano, luego de que le reseñáramos la historia, recorrió exhaustivamente los ejemplares del diario del Vaticano —documento donde figura hasta el movimiento más pequeño de lo allí ocurrido—, anticipándome, con conocimiento de causa, que le resultaba muy extraño que un Papa se ocupara de tal nimiedad, que para esos casos enviaba un subalterno.
Pasado un tiempo, su respuesta fue negativa. No encontró ninguna mención. Un par de años después, se lo volví a solicitar ratificando fechas con algún otro dato. Tampoco encontró absolutamente nada relacionado con el tango.
Para definir terminantemente esta cuestión, pudo averiguar que todo nació de la imaginación del corresponsal romano del diario “Le Temps” de París, Jean Carriére.
Se trata entonces de una falsedad, como es también el final de ese cuento cuando se menciona que a partir de ese instante, el tango fue aceptado por la sociedad y pudo ser bailado sin culpa alguna. Cámara de Landa reside actualmente en Valladolid, España, siendo su centro de acción la universidad de esa ciudad.” FUENTE.

Lo que no es leyenda es el hecho de que hoy en el Vaticano hay en la silla de Pedro un amante de aquello que Castellani llamó “la grosería innoble de un populacho sin Dios”. Qué mundo, qué mundo. Tal vez haya que recordar a Nicolás Gómez Dávila cuando escribió: “La sabiduría, en este siglo, consiste ante todo en saber soportar la vulgaridad  sin irritarse”.