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lunes, 2 de mayo de 2016

LOS PARAÍSOS NOCTURNOS DE LA DEMENCIA CAPITALISTA: LOS JÓVENES SE SUICIDAN Y DESCEREBRAN CON DROGAS EN LAS DISCOTECAS








Los cinco jóvenes que murieron por INTOXICACIÓN CON ÉXTASIS, hacinados y moviéndose como ZOMBIES en una discoteca de la Argentina, son apenas una MUESTRA paradigmática de los templos del CONSUMISMO Y LA ALIENACIÓN instalados por la demencia capitalista a escala global.

Estos locales de ASESINATO CEREBRAL masivo (que funcionan "legalmente" en todos los países) son antros infectos, sin oxígeno, y con sonido tecno que destruyen el sistema nervioso en forma irreversible.

Son paraísos del NEGOCIO NOCTURNO CAPITALISTA CON LAS DROGAS donde millones de jóvenes acuden para TERMINAR CON LA ÚLTIMA CUOTA DE CEREBRO HUMANO que les dejó la escuela y la universidad del sistema.

Después de la "FIESTA NOCTURNA DEL SUICIDIO", con la luz del día, en las inmediaciones de estas cuevas monstruosas (llamadas "centros de diversión juvenil") se puede ver a centenares de jóvenes con la MIRADA EXTRAVIADA, sin capacidad de razonamiento ni reflejos humanos, vagando como zombies, tirados en las veredas, vomitando en las veredas o prostituyéndose para CONSEGUIR MÁS DROGA DESCEREBRANTE.

jueves, 21 de agosto de 2014

CAPITALISMO DESPLEGADO




Mons. Williamson
COMENTARIOS ELEISON 179 (18-XII-2010)

El egoísmo no puede construir una sociedad. Ahora bien, el dinero representa esencialmente el reclamo de su dueño sobre los servicios del resto de la sociedad. Si entonces el capitalismo debe de ser definido, en algo más que meramente términos económicos, como una manera de organizar una sociedad en donde cada ciudadano tiene que tener la libertad de ganar tanto capital (o dinero como mejor se le conoce) como pueda y quiera, entonces el capitalismo está plagado de contradicciones. Está intentando construir una sociedad, lo que requiere una falta de egoísmo, con fomentar el egoísmo en todos sus miembros.
Por lo tanto el capitalismo únicamente puede sobrevivir mientras los miembros de la sociedad capitalista aún mantengan los valores pre-capitalistas como lo son el sentido común, la moderación en la búsqueda de hacer dinero y el respeto por el bien común. Pero el capitalismo como se define en el párrafo anterior no hace nada para promover dichos valores pre-capitalistas. Por el contrario, trabaja en contra de ellos, así como el egoísmo trabaja en contra del altruismo. Por lo tanto, el capitalismo es un parásito que vive de un cuerpo social, cuyos valores necesarios para su sobrevivencia trabaja para socavar.
Esta contradicción interna de una sociedad construida a partir de la búsqueda por el dinero está llegando a su conclusión devastadora con el estado actual de las finanzas y de la economía mundiales. Especialmente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las naciones del mundo se han empeñado más y más por buscar el dinero para obtener el confort material que ahora se prefiere por encima del confort espiritual que anteriormente daba sentido a sus vidas. Admirando y buscando dinero, se han alegrado de permitirles a los hombres de dinero apoderarse de sus sociedades. Admirados y buscados, los hombres de dinero han tomado para sí siempre más y más dinero y poder. Pues, ¿qué frenos intrínsecos tienen el dinero o el poder para limitar sus adquisiciones adicionales? Ningunos. Los banqueros se convierten en auténticos gángsteres.
De ahí que, por ejemplo, el invento hace 10 o 15 años de los "derivados", instrumentos financieros que se traducen en una fortuna en honorarios para los "banksters" (banqueros-gángsteres) quienes los suministran, pero actúan sobre el delicado mecanismo de las finanzas mundiales como armas de destrucción masiva, porque fácilmente fabrican un mundo irreal de deudas colosales e impagables. En este mundo desestabilizado y fraudulento de deuda impagable, un orden aparente se mantiene por los gobiernos, uno detrás del otro, al fabricar de la nada cantidades inmensas de "dinero" para "pagar" la deuda, pero este proceso puede terminar únicamente en una inflación que deja sin uso alguno la moneda en cuestión. Así que ahora toda la moneda mundial, de papel o digital - y por años no se ha contado con otro - está condenada.
Pero el dinero es para la sociedad lo que el aceite lubricante es para un motor. Sin aceite, un motor se atasca y "muere". Sin dinero en la sociedad, el intercambio se torna mucho más difícil y la actividad comercial puede volverse lenta hasta paralizarse por completo. Si por cualquiera de estas razones los camiones de comida no pudiesen funcionar, y tuviéramos una escasez de comida especialmente en las grandes ciudades, ¿qué podría hacer un político para desviar los disturbios por los precios altos de los alimentos y para evitar que los campesinos vengan sobre de él con horquillas? ¡Comenzar una guerra!
La Tercera Guerra Mundial puede no estar muy lejos. ¡Señor, ten piedad!



miércoles, 12 de febrero de 2014

Cascos puestos


El análisis de Allan Bloom sobre la música rock en El cierre de la mente moderna es demoledor. Quizá sea excesivo afirmar, de toda la industria discográfica, que «tiene toda la dignidad moral del tráfico de drogas», pero sin duda no lo es asegurar que «es capitalismo perfecto, ya que abastece la demanda y ayuda a crearla». Y en muchísimos casos sí han resultado ciertas las consecuencias que describe: que un exceso de música rock desde la infancia condiciona (y estropea) las primeras experiencias sensibles, que son las que determinan el gusto durante toda la vida. A la observación de que muchos jóvenes acabarán superando esta música o, al menos, la pasión exclusivista por ella, Allan Bloom asiente pero a la vez señala que ya no podrán ya descubrir otras realidades más ricas: «Mientras tienen puestos los cascos, no pueden oír lo que la gran tradición tiene que decir. Y cuando, después de usarlos largo tiempo, se los quitan, se encuentran con que están sordos».

Allan Bloom. El cierre de la mente moderna (The Closing of the American Mind, 1987). Barcelona: Plaza & Janés, 1989; 395 pp.; col. Hombre y Sociedad; prólogos de Saul Bellow y Salvador Giner; trad. de Adolfo Martín; ISBN: 840123008X.