jueves, 11 de junio de 2015
viernes, 22 de mayo de 2015
BACH SIN DIOS NO ES NADA
Hace un tiempo
leí un interesante artículo de Belen Altuna publicado en El País (edición
País Vasco) llamado, El músico de Dios. Me
llamó poderosamente la atención el testimonio que ofrece la escritora de Cioran
sobre la música de Bach: “He dicho que Dios le debe todo a Bach. Sin
Bach, Dios sería un personaje de tercera clase. La música de Bach es la única
razón para pensar que el Universo no es un desastre total. Con Bach todo es
profundo, real, nada es fingido. El compositor nos inspira sentimientos que no
nos puede dar la literatura, porque Bach no tiene nada que ver con el lenguaje.
Sin Bach yo sería un perfecto nihilista”.
Entiendo
perfectamente -quién lo iba a decir- las palabras del genial y turbulento
rumano. Si sabré yo de sobra lo que Dios le debe y se obliga con Bach. Siempre
digo al que quiere oír o escuchar que llegué a Dios por el arte, al igual que
otros, llegan a Él por María, y otros, distintos pero hermanos, por la
conversión. Al final, todos los caminos conducen al Señor, todo es conversión a
la Verdad, que es Cristo, de una u otra manera. Sólo hace falta querer
buscarlo. Pero me gustaría decir, ya que llevo toda la mañana con la idea en la
cabeza y no deja centrarme en otras cosas, que si Dios le debe algo a
Bach -como señalaba caústica y turbulentamente el señor Cioran-, el genial
músico alemán, le debe a Dios, al Dios cristiano y católico hecho hombre,
al Dios de la misericordia y la Justicia (que no se olvide en estos miserables
y traidores tiempos de "misericodeo" la Justicia Divina), todo.
Le debe Todo. Todo es todo. A pesar de lo que magistralmente tallara José
Hierro en un milagroso poema: “Después de todo, todo ha sido
nada, a pesar de que un día lo fue todo. …”
Es imposible crear
y tener una cosmovisión del arte y la música de Bach sin un profundo
sentimiento cristiano que sostenga la mirada pura y sin una visión sobrenatural
de la vida y la muerte como la que poseía –y de qué manera lo poseía…- Bach.
Aquí no hay debate, ni porfía, la gallina es Dios, y el huevo, Bach. El Creador
es Dios, y Bach su criatura, una más de las exquisitamente elegidas para
enseñarnos en última instancia, su Rostro, su Belleza. Esto, el primero que lo
sabía y lo tenía claro y lo difumina sabiamente por toda su obra es el
mismo artista.
J.S Bach sin Dios no es nada. Bach sin Dios no es real. Bach sin Dios, sin el Dios cristiano hecho hombre, en palabras del propio Cioran, sería un triste y dolorido personaje de tercera clase. Lo que eleva y enaltece como un suspiro divino la inmortal y gloriosa música de Bach es la profunda fe y la insondable teología cristiana hecha Misterio que chorrea en cada una de las notas que compuso el artista.
J.S Bach sin Dios no es nada. Bach sin Dios no es real. Bach sin Dios, sin el Dios cristiano hecho hombre, en palabras del propio Cioran, sería un triste y dolorido personaje de tercera clase. Lo que eleva y enaltece como un suspiro divino la inmortal y gloriosa música de Bach es la profunda fe y la insondable teología cristiana hecha Misterio que chorrea en cada una de las notas que compuso el artista.
Nada más leer el
texto de Cioran se me vino como un rayo a la
mente este doloroso y lúcido fragmento del libro de La pequeña crónica de
Ana Magdalena Bach:
“Una vez entré
inesperadamente en su cuarto cuando estaba componiendo el solo de contralto ¡Oh
Gólgota!, de la pasión según San Mateo ¡Cómo me conmoví al ver su rostro, en
general tranquilo, fresco y colorado, de una palidez cenicienta y cubierto de
lágrimas! No me vio; volví a salir silenciosamente, me senté en la escalera,
ante la puerta de su cuarto, y lloré también. Los que oyen esa música, ¡qué
poco saben lo que costó! Sentía deseos de entrar y echarle las manos al cuello,
pero no me atreví. Había visto algo en su mirada que me produjo un sentimiento
de veneración. Nunca llegó a enterarse de que yo le había visto en el dolor de
la creación, pues eran momentos en los que sólo debía verle Dios".
Cioran no sabía de lo que hablaba. Da igual. Creo que Bach hubiese tomado las palabras de Cioran como una ofensa a su fe. Incluso con Bach, este hombre siempre fue "un perfecto nihilista", por no decir otra cosa. Solo a un gilipollas pretencioso, presumido y moña se le puede ocurrir afirmar que Bach no le debe nada a Dios. Bach..., que es uno de sus elegidos para mostrarnos una milésima parte de Su Gloria.
VICTORIA Y LA MÚSICA
"Hombres
perversos y depravados usan de la música como de un excitante para entregarse a
los goces terrenales, en vez de levantarse beatíficamente por medio de ella
hasta Dios y hasta la contemplación de las cosas divinas. Por mi parte,
trabajo, gracias a Dios, únicamente para conseguir que la modulación de las
voces esté exclusivamente dedicado al fin para el cual fue en un principio
inventada; es decir: Deo optimo
clarissimo laudibusque suis [A Dios óptimo y glorioso, y para su
alabanza]".
Tomás Luis de Victoria
lunes, 18 de mayo de 2015
SU MEJOR NOTA
Después
de todo el rock tiene algunas cosas buenas
U2's The Edge falls off the stage - I&E Tour 2015 Vancouver
viernes, 24 de abril de 2015
CUIDADO CON LA INDIFERENCIA
Un
nuevo mal golpea a la juventud de manera cada vez más aguda.
¿La
pérdida de la fe? ¿El embrutecimiento intelectual? No, el mal se volvió más
profundo.
Las
generaciones anteriores al '70 nos cuentan a menudo sus francas
"agarradas" con tal ateo, tal discusión animada sobre la existencia
de Dios... Los jóvenes se sentían felices encontrando personajes semejantes a
aquel hostelero que fue hallado por Santo Domingo, y que después de una noche
de discusión con el Santo fue disuadido de su herejía.
Estas
hermosas ocasiones se han hecho más difíciles de suscitar; la capa de la
indiferencia atacó los espíritus jóvenes.
"Ya
no existe más el odio blasfemo de los revolucionarios contra la
religión..." nos replicarán algunos. Pero aquel odio cuenta todavía con
sus incondicionales.
¡Además,
no nos engañemos! La indiferencia lo es todo, menos inofensiva. Tal como la
explica Ernest Hello, la indiferencia es un odio especial, "un odio frío y
duradero, que masca a los demás y a veces a sí mismo simulando
tolerancia".
Y
Hello nos muestra que "la indiferencia nunca es real. Es el odio doblado
de mentira". ¿Cómo explicar de otra manera la rabia con la cual se ataca
cualquier declaración de la verdad objetiva?
La
indiferencia moderna no solamente se despreocupa de las cuestiones esenciales,
sino que aborrece todo pensamiento que demuestre que la realidad se impone a
todos para su felicidad.
Cuántas
veces se escucha: "Cada uno tiene su verdad", lo cual no significa
otra cosa que "Cada uno tiene su propia desgracia".
Esta
indiferencia podría disminuir nuestra caridad para con el prójimo. Observando
esta carrera del mundo hacia el infierno, podríamos tener la tentación de
pensar: "¿Para qué esforzamos tanto en dirigir a todas estas almas hacia
Dios, mientras se burlan, ya que tenemos a nuestra disposición todos los medios
para santificamos nosotros?"
Esta
realidad, lejos de desanimarnos, nos incita a tener más ardor, pues
diariamente brilla el milagro de la gracia, que taladra la pared de la
indiferencia y nos protege contra la tentación del abandono, que podría
asfixiar nuestra caridad para con el prójimo.
Christopher Callier
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